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Es mi hijo quien te mira

Tiene dos dientes a abajo y cuatro arriba que sólo sirven para morder.

Tiene hambre de vida y pasos por correr. Cuando ve al mundo suspira pues no lo logra comprender.

Cómo hombres andan sin tener vida, como vive tanto un amanecer.

Cómo cuando mami está herida llora tanto sin dejarse ver.

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A veces pienso en lo difícil que pueden ser las decisiones. En cómo poco a poco la vida te impulsa por un camino extraño y lleno de incertidumbre sólo para que descubras las nuevas fuerzas que tienes en tu interior. Lo mucho que has crecido y lo grande de tu corazón.

Es fácil caer en el vacío del miedo y pensar que no serás capaz de lograr ese sueño tan maravilloso que tienes en tu interior. Ese gran deseo que te hará un poco más feliz y convertirá tu vida en algo más llevadero en este mundo lleno de dolor y rencor.

Pero no es ése el rumbo que cada ser merece.

Merecemos una vida satisfactoria, llena de momentos alegres y amor. Sobretodo eso. Amor.

Es algo trillado hablar de amor y decir lo maravilloso que es. Lo rico que se siente que alguien te ame o que diga que lo hace.

Hoy no voy a hacer poesía, ni a contar historias. No llenaré de adjetivos este mensaje sólo para cantar al amor bonito y real.

Porque yo creo en el amor real, en el amor a primera vista, en el amor que todo lo puede y todo lo conquista (la rima fue sin querer).

Hoy quiero compartir los caminos que el amor toma en mí. Caminos nuevos y misteriosos. Es una fuerza que tiende a doblegarme hasta el limite de la derrota, hasta sentir que no puedo con el peso de sostener ese corazón que tengo. Llega a quitarme mis propias fuerzas, pues se alimenta de ellas y me vence.

Y sin fuerzas y derrotado pienso en rendirme. Sé que la vida sería más fácil así, entregado a la potencia de mis emociones. Pues no sería responsable de lo que mi corazón dictamine, sería un simple ejecutor de una voluntad más grande, dentro de un plan que desconozco.

Acá hago la semejanza con la idea de dios. De su amor al cual debes entregarte y confiar.

¡Pero no!  No me entregaré a ese amor ajeno. No quiero un padre todopoderoso que me ame y que tenga un proyecto para mí. No.

Esa sería para mí una vida sin sentido. Una vida a merced de alguien más y sobre la cual no tengo poder. Y eso no es felicidad, ni mucho menos amor real.

El amor que creo real. Es un amor que te libera y te hace ligero. Un amor que es tuyo, nació de ti por ti y para ti. Un amor que se alimenta de amor. Un amor que te llena de felicidad hasta limites insospechados.

Pero para conseguir ese tipo de amor es necesario sacrificar muchas cosas. Descargarte para hacer espacio, pues mientras más hondo haya cavado el dolor y las lágrimas erosionado tu interior, es mayor el espacio.

Así pues, esta fuerza que me doblega y me hace sufrir no me vencerá, ni me entregaré… la usaré, me haré fuerte con ella y las lágrimas que derramé serán el vino que embriagará la fiesta del triunfo.

Amo, amo mucho y nunca dejaré de hacerlo, pero es  mi amor. Amor que nace de mí para mí.

Es de noche y una falsa luna ilumina mi habitación. Una luz vergonzosa tiñe de gris mi cuerpo y todo se hace simple, y yo sólo soy yo esta noche.

Inesperada una brisa despierta mis latidos, es un susurro que abriga, es marea que, el océano de la soledad, puede mover. Apareces y la noche escapa y las estrellas se abochornan pues la ternura de tus ojos son dos lunas completas en un cielo construido para sólo una. Cielo débil e inútil. Noche fugaz, huidiza, infantil. Noche que celosa ignora la verdad oculta en tus ojos, una verdad simple y primigenia… …que la noche más hermosa y dulce reside en tu mirada.

Canta la tierra los frutos que de ella nacen. Canta el cielo las lágrimas que alimentan los ríos y los mares. Canta el mar y regala al cielo sus propias estrellas, pero dime tú, luz de las luces, qué canto puedo ofrecer yo simple humano lleno de vacíos. Qué melodía inaudible acompañará mis palabras esta noche y convertirá todo en poesía, bañara la música de música, y hará de lo bello, doblemente bello.

Si no lo has descubierto lo confieso ahora.

Eres tú, dulce doncella, o más que tú…  será el perfume ligero y tierno que brota de las puntas de tus cabellos el lienzo firme donde mi prosa y verso se fundan y juntas digan algo como: “esta noche se llena de día ante tu recuerdo”.

Será lo secreto de tu voz lo que dé ritmo a mis latidos y pueda con ellos componer sinfonías que alaben lo más alto y lo más perfecto del mundo. Ritmos que muevan los miedos y permitan al niño que hay dentro de mí conocer a la niña que ríe dentro de ti.

Será una de tus pestañas la columna inamovible que se enfrentará a un amor incontenible.  Será la más pequeña de ellas. La más tierna y recién nacida la que sostenga cual Atlas el peso de todos los besos que guardo para ti.

Y ahora que todo está dicho, permite a este humilde artífice de las palabras ofrecer la más sentida de mis disculpas.

Por orlar y maquillar… por cubrir con finas sedas y envolver en doradas celdas lo que por definición es simple.

Hoy descubrí en lo artificial de la belleza una frase simple… unas palabras comunes que contienen todo lo antes dicho.

Estas son…  estoy enamorándome, estoy enamorándome de ti.

Lola vive perdida en la inmensidad de la noche. Camina orgullosa y las sombras se alejan ante su presencia. Es una diosa nocturna y vive y muere entre luces de neón y música electrónica.

Es la musa de amores alcohólicos y la protagonista de los más impuros sueños etílicos. Su paso tiene el ritmo de los latidos de cuatrocientos corazones rotos y sus tacos parecen penetrar el piso con la virilidad de todos los hombres del mundo.

Su rostro perfecto, ojos grandes, pestañas interminables, labios llenos de experiencia e inyectados de un rojo arterial. Labios que parecen latir con la música y que se abren con la facilidad de chasquido. A veces menos que eso. A veces con nada.

Lola vive la vida que escogió vivir… veinticinco años que parecen setenta, en su cuerpo de cuarenta y cinco kilos el fuego de diez mujeres y el dolor de un millar. Ya no sabe cantar, ya no puede dormir.

Piensa cada tarde al despertar en el peso de las sábanas y en lo terrible del brillo solar. No lo soporta. Revela sus arrugas, su cuerpo gastado y maltrecho. El sol es su enemigo. La claridad su campo de batalla donde siempre pierde, donde las verdades no tienen maquillaje ni cerveza.

Lola esta tarde está sentada en el comedor (una mesa pequeña, siempre para una, una sola persona) mirando hacia la ventana. El humo del cigarro vuelve el ambiente más familiar, pero no lo suficiente.

Ya no quiere que llegue la noche y que la charada empiece nuevamente. Tiene veinticinco años y tres intentos de acabar con el teatro, de acabar con todo.

Junto al cenicero, un vaso con agua a medio acabar. En el piso… tres frascos de medicamentos vacíos.

Lola siente sueño, se levanta…  su cama está tan cerca, siempre tan cerca… pero esta vez su cuerpo no llego al trono que durante quince años le dio el poder de dominar a los hombres. Hoy no.

Chao Lola, descansa y despierta, quizás, en otra cama donde sí conozcas el amor.

Hoy fui feliz. Dos pasos adelante de mi orgullo, de mi desazón. Fui más fuerte que mis conflictos y bailé con mis recuerdos.

En la mañana un nacimiento confuso, sin certezas, con golpe, con dolor, con frío y sin abrazos, sólo silencio. Sin fama ni direcciones. Mi infancia fue matutina, divertida y casual, sin responsabilidades, olvidadiza de lo crudo del parto y lo vacío de la concepción.

Al mediodía llegó la adolescencia y dudé, me sentí feo y odiado, y creí que odiar era justo y necesario. Y te odie por lastimarme. Mis parpados se tensaron y la mirada se elevó. Eras insignificante, eras un aquel lejano y prescindible.

Luego del almuerzo vino el sopor, la obnubilación. Quería lo imposible, sostenía los sueños insostenibles y alcanzaba mis deseos más inalcanzables. Y dejé de ser adolescente, de odiar, sentir rechazo y decepción. Crecí.

En la tarde la lucha por la madurez, la búsqueda de la calma ante lo incontrolable. Recibir la violencia sostenida, y aprender en miradas de antiguos lo débil del alma mía. Ayer no supe ser padre, hoy hablé con muchos. Sus ojos llenos de alegría dolida, amaban sin conocer amor, temían ante la verdad de un error.

Hoy fui padre, pero no el que yo puedo ser.

Decisiones. Decisiones. Tic Tac, tic tac.

La muerte se acerca, es inevitable, cruel y liberadora.

¿Cómo deseo morir?

Cuando la pregunta es la correcta la respuesta viene sencilla. Moriré feliz.

Moriré como he tratado de vivir todos los días desde que tengo poder para hacer de ellos lo que me plazca. Moriré hoy feliz.

La muerte me arrancará del mundo, pero no el mundo de mí. La muerte tomara mi carne y mi calor, pero no lo que sentí y lo que mi manos transformaron.

Ja ja ja, la puta muerte creerá que ha vencido al llevarme con ella, pero mi felicidad se queda, pues la oscura sólo se lleva mi cuerpo. ¡Qué patética escena! La tan temida se conforma con carroña.

Mi alegría, mis risas, mis miradas y canciones. Estas palabras y tus ojos sobre ellas (que son los ojos que yo quiero que tengas al leer esto) eso no se lo puede llevar. ¡Eso es mío! ja ja ja

Hoy nací, crecí y voy camino a mi muerte. Hoy fui feliz. Mañana no importa, pues mañana será otro quien nazca en este cuerpo. Mañana será su labor, la de ése reencarnado Adolfo, el encontrar su propia vida y vivirla para ser feliz.

Mi día acaba… mi vida con él. Hoy ya no es hoy. Esto que lees no… podrá… ter…

Hoy tuve un sueño extraño (jaja como si hubiera alguno que sea “normal”). Soñé cómo serían la vida de las personas que amo si yo jamás hubiera existido.

Fue toda una revelación para mí el ver que esas personas tenían una vida sin mí, claro que totalmente diferente, pero aún así, felices.  Algunos emparejados con otras personas, otros sin ningún interés en el trabajo social.

Simplemente seguían viviendo sin sentir que les faltara algo, porque nunca supieron de mí. Todo estaba bien.

Lo mejor vino al final, as always… me vi a mí mismo, mi propia vida sin mí.

Ustedes pensarán con toda razón, cómo es posible que puedas tener una vida sin ti. Pues es muy sencillo, es la vida que tendría de haber tomado las  opciones que deseché en algún momento importante de mi vida.

Era tan diferente que me costó reconocerme. Era un Adolfo viviendo una vida llena de sencillez y tranquilidad. Era un padre de familia de dos bellos hijos a los que amaba más que a mi vida misma. Por los cuales salía a trabajar cada mañana en una construcción, salía feliz de saber que regresaría para abrazarlos y jugar con ellos.

Vivía en una casa muy pequeña donde mis enanos compartían habitación y las cosas nunca estaban en su lugar. Estaba muy cansado, pero no me detenía. Quería lo mejor para mis hijos, sentía en mi corazón ese sentimiento tan especial de los padres hacia sus hijos de querer que sean mejores que uno, de sentir dolor cuando ellos no alcanzan lo que desean.

Vi a un Adolfo que podía descansar con sólo cruzar la mirada con la mujer que ama, pero ella me vió…

Ella vió que había alguién más en la escena, un espectador que no debía estar ahí… se acercó a mi y me pidió que me fuera, que este no era mi lugar, que la vida que veía no me pertenecía, que tampoco me acercara a las personas a las que amaba porque ellas jamás habían conocido Adolfo alguno y no era justo el alterar sus vidas con esto.

Me abrazó y era casi como si me amara a mí también, le pedí que cuidara a mis hijos y que les enseñara a leer buenos libros… que los lleve de vez en cuando al cine.

Ella sonrió y me dijo que lo haría, yo vi en sus ojos que me había dicho una mentira piadosa…

Desperté… y estaba feliz y estaba triste. Desperté y sólo quería tener a mis hijos a mi lado y leerles ese cuento antes de dormir que su padre no lo hará por estar cansado de tanto trabajar para ellos porque los ama.

Un huracán se forma al otro lado del mundo…

Hola. ¿Quieres ser mi amigo?

Hola. Claro, ven a jugar conmigo… toma esta pelota, yo iré para allá y tu me la lanzas.

¡Qué divertido! Yo soy muy fuerte, verás que no la alcanzas.

Jajaja… veremos pues. Ya tírala estoy listo.

Ahí va… ¡eh!

Soy un niño y ella una niña, somos dos criaturas jugando a vivir una vida que no sabemos que existe. Sólo estamos juntos, solos en una playa infinita de atardeceres que despiertan y arenas que juegan con un mar color azul crayola, azul cyan…

Y todo cambiará y veré una vida crecer. No sé si será mejor o peor, pero no me importa, es el hecho de cambiar lo que lo hace interesante. Quiero sentir estos detalles, las miradas, los suspiros, los adioses con tono de “no te vayas”, los abrazos que quieren atrapar.

Quiero sonreír y que sientan la alegría que llena mi corazón. Que vean mis manos temblar de emoción y se emocionen ellos también… que mi espíritu los incendie y los eleve a mi nube preferida. Quiero no comer ni beber ahora, quiero estar vacío para llenarme de segundos con ellos, para saciarme con los aromas de sus cabellos y dormir luego sobre sus preocupaciones.

Viví y viví bien, es momento de hacer algo diferente, de conquistarme a mi mismo y derrotar a aquel que detiene mis alas. La vida espera que cruce la puerta para liberarse y amarme como nunca me ha amado, como siempre lo ha hecho.

Ya se acaba el tiempo y todo cambiará. Veré una vida crecer, será mi vida. Y yo estaré ahí, siempre ahí, presente y atento. No me distraerán las luces de neón ni las alucinaciones baratas de falsos magos embotellados o por habitantes del fuego. No, nunca.

Hasta pronto, no olviden regar la bella flor que está a su lado.

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