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Desperté y ahí estabas tú…

Traje dos cometas y cuatro estrellas de mi viaje interestelar, serán el anillo y los pendientes que adornen tu rostro angelical, mas debo confesar, que ni galaxias, ni mundos conocí que igualen una taza de café que con usted compartí.

Un sueño perfecto donde el despertar los colores no pierden magia y las cosas aún pueden hablar. Pues contigo todo tiene corazón, tiene alma, tiene dios.

Somos dos que suman tres, somos tres y seremos más. Donde la casa será hogar y el desayuno tiene mar, tiene calma tiene piedad. Eres tú mi deidad, que alimentas y que ríes y debo confesar que de noche los sueños no son tales, son solo fractales, copias iguales, de los días que paso contigo, mano a mano, a tu lado.

Hoy mi sueño maravilloso no es volar, ni al enemigo vencer, es solo despertar y saber que usted, bella señora, tiene el poder de tener a este señor de los cantares y construir un mundo sin finales donde las noches y los días serán normales, pues lo maravilloso del sueño no es hacer lo imposible, lo maravilloso es saber que nuestro amor es indestructible.

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Hoy el mundo dejó de ser un teatro donde las marionetas bailan sin gozar.

Corté los hilos que me atan al siniestro oscuro que domina mi pensar.

Ahora estoy solo, muy solo, arrastrándome por el escenario sin final.

Veo una mano que me toma y me levanta a los cielos, es tu mano angelical.

Ahora soy de fuego, soy eterno, un guerrero que sin pelear puede ganar,

Tengo fuerza inhumana, casi alada, bendecida y obtenida de manera singular

Es un brillo que no ciega, agua que sed no lleva, tierra que deja de temblar

Soy un niño que ya sueña en cielos azul estrella, agradecido por cantar.

Niño de trapo tanto tiempo, acostumbrado a sentir seguridad en las cuerdas

Niño de trapo que baila y ríe, niño de trapo de débiles piernas

Es hoy que sientes tu peso real y ves tu debilidad ser tan terca

Es hoy que libre eres, un ángel hermoso tienes, y está tan cerca

Que piensas: “Oh, ¿será que ella es verdad?”

Y corres hacia ella y caes y ella te ve caer, te ve en el piso…

te sientes sucio y te avergüenzas

“oh, ángel disculpa mi presencia así”

El niño ya no es de trapo, ya no es un niño, ya no está aquí

Esta volando, hombre fuerte y orgulloso de tener algo sagrado

¿Quieres tú acompañar su vuelo y ser su dama, y ser su amada?

Toma su mano y no lo sueltes, no dejes que se rinda, pues él también te eligió a ti.

El mundo se hace sombra y puedo nacer en el espacio donde todo suena amarillo.

Un lugar sagrado lleno de suspiros ahogados, donde tus dedos son Apolo llevando el fuego sureño a playas de sonrisas, las más bellas sonrisas veraniegas.

Descubro tu cuerpo oculto en una nube de seda. y tu cuerpo oculta también un amanecer de dos soles y una aurora boreal. La ejecución perfecta de un cuerpo tan humano que se hace divino.

Con los ojos bien cerrados puedo verte. Y eres tan hermosa que lloran los ojos todas las lágrimas de alegría que tenía guardadas para el nacimiento de un hijo, para la noche de bodas, para ti…

Tan hermosa que mis ojos no son suficientes para llorar tanta alegría, y llora mi boca palabras de amor, lloran mis manos caricias eternas, lloran mis piernas, llora mi espalda, lloran cada uno de mis cabellos el sol que reciben.

Y soy tan sólo un hombre con dos brazos y dos piernas; y sólo dos ojos y una boca… y quisiera ser más y volverme un ejercito dorado o ser toda la humanidad entregada a lo más perfecto que existe…  el amor.

Tomamos seis horas de nuestras vidas para vernos a la cara y ver cuánto tiempo ha pasado desde la primera vez que nos vimos. Te ves tan adulta, y yo tan viejo. La calle estaba fría y nuestros cabellos al viento, entre las luces de neón, entre el ruido de una ciudad.

El camino fue largo y continúa creciendo, estoy contento y tú también lo estás. Hablamos del pasado y de cómo lo vamos dejando atrás, en el lugar seguro y cómodo que le corresponde. Te conté mis sueños y mis pesadillas. Estabas ahí. No te fuiste ni te distrajiste, estabas ahí, atenta.

Somos tan diferentes, mucho más que antes. Yo no te soportaría, ni tu a mí, pero somos amigos, buenos amigos y no eso cambiará. Aún recuerdo las discusiones, las desilusiones,  los momentos donde pensé que serías como todos y traicionarías mi confianza.

Hablamos de padres, de hijos, de familias, amores y desamores. Reímos y nos llenó la melancolía. Los demás no estaban. Eramos tú y yo en esa banca del parque gatuno. Tuve frío y me abrigaste. Buscaba oídos y me prestaste los tuyos. Quería no pensar, quería disfrutar de estar contigo, aprender, recibir.

Ahora me conoces un poco más, y yo sé algo nuevo de ti.

Hoy fui feliz. Dos pasos adelante de mi orgullo, de mi desazón. Fui más fuerte que mis conflictos y bailé con mis recuerdos.

En la mañana un nacimiento confuso, sin certezas, con golpe, con dolor, con frío y sin abrazos, sólo silencio. Sin fama ni direcciones. Mi infancia fue matutina, divertida y casual, sin responsabilidades, olvidadiza de lo crudo del parto y lo vacío de la concepción.

Al mediodía llegó la adolescencia y dudé, me sentí feo y odiado, y creí que odiar era justo y necesario. Y te odie por lastimarme. Mis parpados se tensaron y la mirada se elevó. Eras insignificante, eras un aquel lejano y prescindible.

Luego del almuerzo vino el sopor, la obnubilación. Quería lo imposible, sostenía los sueños insostenibles y alcanzaba mis deseos más inalcanzables. Y dejé de ser adolescente, de odiar, sentir rechazo y decepción. Crecí.

En la tarde la lucha por la madurez, la búsqueda de la calma ante lo incontrolable. Recibir la violencia sostenida, y aprender en miradas de antiguos lo débil del alma mía. Ayer no supe ser padre, hoy hablé con muchos. Sus ojos llenos de alegría dolida, amaban sin conocer amor, temían ante la verdad de un error.

Hoy fui padre, pero no el que yo puedo ser.

Decisiones. Decisiones. Tic Tac, tic tac.

La muerte se acerca, es inevitable, cruel y liberadora.

¿Cómo deseo morir?

Cuando la pregunta es la correcta la respuesta viene sencilla. Moriré feliz.

Moriré como he tratado de vivir todos los días desde que tengo poder para hacer de ellos lo que me plazca. Moriré hoy feliz.

La muerte me arrancará del mundo, pero no el mundo de mí. La muerte tomara mi carne y mi calor, pero no lo que sentí y lo que mi manos transformaron.

Ja ja ja, la puta muerte creerá que ha vencido al llevarme con ella, pero mi felicidad se queda, pues la oscura sólo se lleva mi cuerpo. ¡Qué patética escena! La tan temida se conforma con carroña.

Mi alegría, mis risas, mis miradas y canciones. Estas palabras y tus ojos sobre ellas (que son los ojos que yo quiero que tengas al leer esto) eso no se lo puede llevar. ¡Eso es mío! ja ja ja

Hoy nací, crecí y voy camino a mi muerte. Hoy fui feliz. Mañana no importa, pues mañana será otro quien nazca en este cuerpo. Mañana será su labor, la de ése reencarnado Adolfo, el encontrar su propia vida y vivirla para ser feliz.

Mi día acaba… mi vida con él. Hoy ya no es hoy. Esto que lees no… podrá… ter…

Hoy descubrí que no se querer. Es una habilidad con la que no nací. Una cualidad que me es ajena, extraña…

Veo a las personas a mi alrededor unirse y separarse, simples y tranquilos, porque se querían nada más. Los veo y no lo puedo sentir en mi pecho, ni mis palabras alcanzan para comprender tan pequeño sentimiento, tan lindo y tierno cariño que no crece a ser amor, pero basta en sí mismo.

Querer. Lo he intentado muchas veces, acercarme a alguien y sólo quererla, nada más. Quererla por lo que es o no es, quererla por lo que me hace sentir o por el hombre que hace que quiera ser, pero no puedo, luego de muchos, muchísimos intentos debo reconocer mis propias limitaciones.

Es de sabios el aceptar y sobre eso construir. Hoy acepto que no sé querer. No lo sé y creo que jamás podré aprenderlo.

Tengo que vivir con el hecho simple y sencillo de que lo único que sé hacer es amar. Amo y amo mucho.

Cuando la vida me une con alguien, la amo como la primera vez, como si fuera la última vez que amaré en mi vida. La amo con pasión, con dolor, con alegría. La amo riendo y la amo gimiendo. La amo cuando sus ojos se posan en los míos y desnuda mi interior, la amo cuando me toca la espalda y siento su respiración hacerse fuerte conmigo.

Amo su pasado porque la convirtió en la mujer que está frente a mí. Amo su presente porque lo comparte conmigo y amo su futuro, bajo la eterna esperanza de que lo desee compartir conmigo.

Amo sus dedos gorditos y amo sus cejas despeinadas. Amo cómo no encuentras tus sandalias debajo de la cama. Amo como saltas y me asustas al llegar a casa. Amo cada instante que paso junto a la persona que la vida escogió para mí.

Hoy duermo con la tranquilidad de tener una verdad más en mi vida, pero preocupado por lo terrible de esta verdad… No sé querer… sólo amo… y amar a las personas equivocadas es muy doloroso.

Y yo quiero un hogar para ti

Hoy tuve un sueño extraño (jaja como si hubiera alguno que sea “normal”). Soñé cómo serían la vida de las personas que amo si yo jamás hubiera existido.

Fue toda una revelación para mí el ver que esas personas tenían una vida sin mí, claro que totalmente diferente, pero aún así, felices.  Algunos emparejados con otras personas, otros sin ningún interés en el trabajo social.

Simplemente seguían viviendo sin sentir que les faltara algo, porque nunca supieron de mí. Todo estaba bien.

Lo mejor vino al final, as always… me vi a mí mismo, mi propia vida sin mí.

Ustedes pensarán con toda razón, cómo es posible que puedas tener una vida sin ti. Pues es muy sencillo, es la vida que tendría de haber tomado las  opciones que deseché en algún momento importante de mi vida.

Era tan diferente que me costó reconocerme. Era un Adolfo viviendo una vida llena de sencillez y tranquilidad. Era un padre de familia de dos bellos hijos a los que amaba más que a mi vida misma. Por los cuales salía a trabajar cada mañana en una construcción, salía feliz de saber que regresaría para abrazarlos y jugar con ellos.

Vivía en una casa muy pequeña donde mis enanos compartían habitación y las cosas nunca estaban en su lugar. Estaba muy cansado, pero no me detenía. Quería lo mejor para mis hijos, sentía en mi corazón ese sentimiento tan especial de los padres hacia sus hijos de querer que sean mejores que uno, de sentir dolor cuando ellos no alcanzan lo que desean.

Vi a un Adolfo que podía descansar con sólo cruzar la mirada con la mujer que ama, pero ella me vió…

Ella vió que había alguién más en la escena, un espectador que no debía estar ahí… se acercó a mi y me pidió que me fuera, que este no era mi lugar, que la vida que veía no me pertenecía, que tampoco me acercara a las personas a las que amaba porque ellas jamás habían conocido Adolfo alguno y no era justo el alterar sus vidas con esto.

Me abrazó y era casi como si me amara a mí también, le pedí que cuidara a mis hijos y que les enseñara a leer buenos libros… que los lleve de vez en cuando al cine.

Ella sonrió y me dijo que lo haría, yo vi en sus ojos que me había dicho una mentira piadosa…

Desperté… y estaba feliz y estaba triste. Desperté y sólo quería tener a mis hijos a mi lado y leerles ese cuento antes de dormir que su padre no lo hará por estar cansado de tanto trabajar para ellos porque los ama.

Deperté lleno de canciones y de bailes movidos. Mis ojos se abrieron y en mi voz latían los cantos de mil musas del amor encantado.

Mis pies tocaron el piso y de la madre tierra sus ritmos penetraron mi piel, la estremecieron, la violentaron y doblegaron mi voluntad a bailes cadenciosos, llenos de vida, árboles y campos vírgenes.

Hablé, pero mi voz no era la mía, era la voz de mil hermanos y hermanas que yacen en el pasado y en el futuro. Hermanos de las manos y el corazón. Que unen sus almas para terminar el trabajo del presente y continuar en su eternidad, en su descanso y delirio.

La gente mi mira al pasar a su lado y sonríe. Ven en mí la fuerza de la creación, ven en mí, esperanza, caridad, dignidad y cariño.

Ven en mí lo que tanto desean ver en si mismo y sonrien de saber que existe alguien así.

Pero yo sigo en la cama, sigo dormido, sigo soñando… dame la mano, tócame y sentirás. Tócame. No lo harás. No lo harás.

– Buenos días. No has dicho nada desde ayer en la tarde.

Mírame y di algo que no soporto el silencio. Fui paciente y comprensiva para no exigirte que me hables, pero ya no puedo seguir. Sé que todo lo que te dije fue muy duro y que quizás no soportes mi presencia… lo entiendo, créeme. Yo misma no soportaba estar conmigo.

– Buenos días amor.

Estás sonriendo… y, pero… no entiendo…

Tranquila, ven abrázame quiero que sientas mi corazón y veas que soy real y que sigo a tu lado. Empezaré a hablar antes que te vuelvas loca por no entender.

Ayer en la tarde escuché de tu voz lo que mi cabeza repetía desde hace tanto, tanto tiempo. Y fue terrible, sentí que mi mundo explotaba sólo para revelar lo más temido por mí. Que me olvides. Que exista algo más grande y hermoso que lo que yo pueda crear para ti.

Tengo miedo, siempre tengo mucho miedo de no poder ser más poderoso que el tiempo, de no poder ser más amplio que el espacio,  que exista una voz más fuerte. Me da miedo los otros, los que no son yo.

Ayer te convertiste en otra persona, con un pasado, con acciones independientes, con dolores y alegrías no inspiradas por mí.

Y dormí tan tranquilo.

Hoy, ahora, puedo decirte gracias por todo. Gracias por ser otra persona y tener tu vida y tus errores y tus felicidades y que yo no sea nada en ellas, porque me revelaste que no soy nada en ningún aspecto fuera de mi propio ser.

Me ayudaste a revelar que lo que las voces repetían constantemente no puede herirme, no puede hacer más daño que lo que yo mismo permita. Y no voy a permitirme eso. Soy feliz porque estás acá conmigo, respiro más aire y mi voz se hace fuerte. Y mi voz es la única que escucho ahora.

Esta voz me dice… disfrútalo.

Ahora levantémonos y vamos a desayunar.


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