You are currently browsing the tag archive for the ‘Libertad’ tag.

Es mi hijo quien te mira

Tiene dos dientes a abajo y cuatro arriba que sólo sirven para morder.

Tiene hambre de vida y pasos por correr. Cuando ve al mundo suspira pues no lo logra comprender.

Cómo hombres andan sin tener vida, como vive tanto un amanecer.

Cómo cuando mami está herida llora tanto sin dejarse ver.

Somos niños que nacen y crecen. Hoy tengo ganas de jugar con el niño que existe dentro de ti.

Desperté con las manos sucias y el cabello enredado, ven y salgamos al parque. Ese pequeño lugar con dos árboles y pocas flores donde  pateabamos la pelota hasta que alguien se caía y la sangre llamaba a las madres siempre atentas.

Ven a mi casa en la noche para escuchar a mi padre quejarse de lo pesado del trabajo, es siempre muy divertido verlo funfuñar mientras ve las noticias.

“¡¡¡pero si es siempre a misma mierda!!!” dice él sin darse cuenta que estamos a su lado.

Y dormiremos tarde, aún cuando mi madre apague la luz y nos diga buenas noches. Pues en la oscuridad se cocen los mejores argumentos para las más osadas acciones a realizar el domingo por la mañana.

Ven a mi casa con tu niñez en los ojos y la desverguenza en tu piel, pues quiero trepar a un árbol, alto muy alto… para luego caer y reirnos a quijada partida del dolor en nuestros traseros.

Quiero salir y correr muy rápido. Soñando que soy el hombre Incréible y tú mi archienemigo.Y así juntos combatiremos por el control mundial.

No olvides tus juguetes, pequeños pedazos de tu niñez que traen olores y sabores de lo fantástico. El mundo donde lo imposible es cotidiano y donde la sopa es el arma mortal con la que nos vencen cada tarde.

Ven pronto, que mi mamá quiere saber cuántos platos pondrá en la mesa.

Aquí te espero, amigo.

 

A veces pienso en lo difícil que pueden ser las decisiones. En cómo poco a poco la vida te impulsa por un camino extraño y lleno de incertidumbre sólo para que descubras las nuevas fuerzas que tienes en tu interior. Lo mucho que has crecido y lo grande de tu corazón.

Es fácil caer en el vacío del miedo y pensar que no serás capaz de lograr ese sueño tan maravilloso que tienes en tu interior. Ese gran deseo que te hará un poco más feliz y convertirá tu vida en algo más llevadero en este mundo lleno de dolor y rencor.

Pero no es ése el rumbo que cada ser merece.

Merecemos una vida satisfactoria, llena de momentos alegres y amor. Sobretodo eso. Amor.

Es algo trillado hablar de amor y decir lo maravilloso que es. Lo rico que se siente que alguien te ame o que diga que lo hace.

Hoy no voy a hacer poesía, ni a contar historias. No llenaré de adjetivos este mensaje sólo para cantar al amor bonito y real.

Porque yo creo en el amor real, en el amor a primera vista, en el amor que todo lo puede y todo lo conquista (la rima fue sin querer).

Hoy quiero compartir los caminos que el amor toma en mí. Caminos nuevos y misteriosos. Es una fuerza que tiende a doblegarme hasta el limite de la derrota, hasta sentir que no puedo con el peso de sostener ese corazón que tengo. Llega a quitarme mis propias fuerzas, pues se alimenta de ellas y me vence.

Y sin fuerzas y derrotado pienso en rendirme. Sé que la vida sería más fácil así, entregado a la potencia de mis emociones. Pues no sería responsable de lo que mi corazón dictamine, sería un simple ejecutor de una voluntad más grande, dentro de un plan que desconozco.

Acá hago la semejanza con la idea de dios. De su amor al cual debes entregarte y confiar.

¡Pero no!  No me entregaré a ese amor ajeno. No quiero un padre todopoderoso que me ame y que tenga un proyecto para mí. No.

Esa sería para mí una vida sin sentido. Una vida a merced de alguien más y sobre la cual no tengo poder. Y eso no es felicidad, ni mucho menos amor real.

El amor que creo real. Es un amor que te libera y te hace ligero. Un amor que es tuyo, nació de ti por ti y para ti. Un amor que se alimenta de amor. Un amor que te llena de felicidad hasta limites insospechados.

Pero para conseguir ese tipo de amor es necesario sacrificar muchas cosas. Descargarte para hacer espacio, pues mientras más hondo haya cavado el dolor y las lágrimas erosionado tu interior, es mayor el espacio.

Así pues, esta fuerza que me doblega y me hace sufrir no me vencerá, ni me entregaré… la usaré, me haré fuerte con ella y las lágrimas que derramé serán el vino que embriagará la fiesta del triunfo.

Amo, amo mucho y nunca dejaré de hacerlo, pero es  mi amor. Amor que nace de mí para mí.

Es de noche y una falsa luna ilumina mi habitación. Una luz vergonzosa tiñe de gris mi cuerpo y todo se hace simple, y yo sólo soy yo esta noche.

Inesperada una brisa despierta mis latidos, es un susurro que abriga, es marea que, el océano de la soledad, puede mover. Apareces y la noche escapa y las estrellas se abochornan pues la ternura de tus ojos son dos lunas completas en un cielo construido para sólo una. Cielo débil e inútil. Noche fugaz, huidiza, infantil. Noche que celosa ignora la verdad oculta en tus ojos, una verdad simple y primigenia… …que la noche más hermosa y dulce reside en tu mirada.

Canta la tierra los frutos que de ella nacen. Canta el cielo las lágrimas que alimentan los ríos y los mares. Canta el mar y regala al cielo sus propias estrellas, pero dime tú, luz de las luces, qué canto puedo ofrecer yo simple humano lleno de vacíos. Qué melodía inaudible acompañará mis palabras esta noche y convertirá todo en poesía, bañara la música de música, y hará de lo bello, doblemente bello.

Si no lo has descubierto lo confieso ahora.

Eres tú, dulce doncella, o más que tú…  será el perfume ligero y tierno que brota de las puntas de tus cabellos el lienzo firme donde mi prosa y verso se fundan y juntas digan algo como: “esta noche se llena de día ante tu recuerdo”.

Será lo secreto de tu voz lo que dé ritmo a mis latidos y pueda con ellos componer sinfonías que alaben lo más alto y lo más perfecto del mundo. Ritmos que muevan los miedos y permitan al niño que hay dentro de mí conocer a la niña que ríe dentro de ti.

Será una de tus pestañas la columna inamovible que se enfrentará a un amor incontenible.  Será la más pequeña de ellas. La más tierna y recién nacida la que sostenga cual Atlas el peso de todos los besos que guardo para ti.

Y ahora que todo está dicho, permite a este humilde artífice de las palabras ofrecer la más sentida de mis disculpas.

Por orlar y maquillar… por cubrir con finas sedas y envolver en doradas celdas lo que por definición es simple.

Hoy descubrí en lo artificial de la belleza una frase simple… unas palabras comunes que contienen todo lo antes dicho.

Estas son…  estoy enamorándome, estoy enamorándome de ti.

Corté dos flores para mi hija. Una es roja y la otra azul. La roja se la daré al llegar, la azul… cuando sea el momento.

Perfección en la educación, la liberación del alma ante el mundo cambiante, pero yo la amo y lucharé. Seré fuerte y sonreiré, nada me destruirá porque su flor es roja. Nada es más fuerte que sus manos de papel sosteniendo mi dolor.

Su flor está radiante y crecerá con ella, será su compañera, será su confidente. Yo le dí esa flor, que fue mi flor roja y antes de mí fue de mi madre y antes perteneció a su madre. Es la flor de todas las mujeres del mundo. De las que fueron, son y serán. Es la única flor roja que nos une a todas en una familia perfecta.

Pequeña, ¿qué harás con tan bello tesoro? No seré yo quién lo decida, no estaré cuando tu corazón dudoso arranque pétalos de ella para decidir por el amor. ¿Podrás cuidarla y mantenerla viva hasta el momento en que puedas recibir la flor azul?

Yo como todas las que antes hemos servido de instrumento de vida sabemos lo difícil que es mantener viva tan caprichosa flor. Es roja, cadente y candente. Es mujer cuando tú eres niña y busca raíz en tierras pantanosas. Y yo sólo podré dártela nada más. Hasta ahí llega mi poder, querida hija.

Confía en mí y quizás algún día puedas recibir tu flor azul, confiaré en ti y quizás algún día yo reciba mi propia flor azul.

Grito. Tengo el cuerpo lleno de gritos perdidos. Gritos que nacieron en una cena con mamá. Porque mi garganta llora pasado, llora silencios. Mi garganta se cansó de hablar y sólo quiere llorar mi niñez.

Cuerpo. Soy hermosa, perfecta y camaleónica. Sudo los pecados de hombres que no se atreven a tocarme con sus manos, pero siento sus ojos recorrerme, adentrarse en mí. Y me gusta, me gusta mucho.

Me hice fuerte, mujer sin miedo. Ellos huyeron con el primer hombre que me tomó. Ahora lloro de placer, llamando a un dios que me sostenga en el último instante que se convierte en celestial, en mi momento triunfal.

Ya tengo el poder de cambiar el mundo, tu mundo… me siento ninfa, me siento pequeña. Soy un suspiro del bosque, una lágrima que cae en el río. Soy eso porque puedo serlo cuando quiero. Soy gigante, mi gigante.

Soy la sombra de dios que cubre con amor los sueños de los mortales. Soy eterna y soy efímera. Yo soy la mujer eterna. La Eva sin Adán… y ya sueño con ser serpiente y ser manzana.

Lucía estaba en su habitación tratando de recordar cuándo fue la última vez que se enamoró. Y aunque pensaba mucho y revisaba las hojas de su diario por ayuda, pues no encontró nada.  18 años y no conocía el amor.

Su primer beso fue robado por el amigo de su hermano, cuando ella tenía sólo 12 años. Ella asustada no dijo nada, pero nunca pudo olvidar las palabras de ese chico: “eres tan bonita, una reinita mi amor”.

Sin saberlo en ese momento Lucía cerró su corazón porque creía que el amor era algo se robaba sin permiso, y tenía miedo de que le roben más amor de su corazón. “y si se me acaba el amor por tanto chico malo que me lo quiera robar, mejor lo cuido mucho, mucho, para que mi príncipe tenga todo mi amor para él”.

Durante su adolescencia Lucía estuvo con un par de chicos, pero no los amó. Ellos le dijeron que era hermosa y que era su amor. Ella odia esas palabras. Le da asco cuando un chico le dice que es la niña más hermosa del mundo y que la amará para siempre. Cuando un chico le dice que la ama… ella se ríe y termina con él.

Todos sus amigas hablaban de sus amores con tanta alegría, y luego lloraban con ella por las mentiras y las traiciones. “He hecho bien en guardar mi amor” pensaba.

Fue la mejor alumna, la mejor amiga, la mejor hija. Y todos creen que es la chica más feliz del mundo, porque nunca tiene problemas y nunca nadie la ha hecho sufrir.  Lucía no sabía que decir. Nunca había entendido a sus amigas y amigos. Nunca había podido realmente ponerse en su lugar cuando alguien le decía con alegría que estaba enamorada. Ella se limitaba a levantar una ceja y decir: “ah.. que bueno por ti”. Sabiendo en su interior que era falso, que nadie sabe amar realmente porque gastan su amor tan rápido que luego ya no tienen amor y sólo se quedan con los besos y las caricias, y los llantos y los celos.

Hoy Lucía está tratando de amar. Y está llorando por darse cuenta que no sabe cómo hacerlo.

– Hola, ¿puedo ayudarte?

– Estoy bien, gracias… no tienes de qué preocuparte.

– Toma, es agua, te ayudará a pasar las penas.

– Gracias, (toma la botella de agua) pero te dije que estoy bien.

– Y aún así bebiste. Pues digamos que estás bien. Me llamo Moisés. Vivo a dos cuadras de este parque.

– Hola soy Lucía.

– Sabes Lucía, tengo que decirte algo…Llevo dos horas tratando de adivinar por qué llorabas.

– ¿Me estabas mirando?

– Un poco, estaba leyendo este libro, pero cuando te sentaste en la banca de enfrente me llamó mucho la atención tus aretes. Son feos.

– Jaja, significan mucho para mí. Son los únicos que tengo…

Lucía estaba nerviosa, los ojos negros del chico estaban fijos en sus ojos. Sus dedos se apretaban y sus piernas se juntaron como para no dejar nada descubierto. Se hizo una bolita de Lucía.

– Hace frío Lucía. Ven te acompaño a casa. ¿Vives cerca?

Lucía no dijo nada, sólo movió la cabeza asintiendo. Él se quitó su chaqueta y la cubrió… ella sintió su olor en sus ropas. Hablaron hasta llegar a su casa. Él se fue prometiendo estar en el parque leyendo un libro. Ella cerró la puerta y corrió a su habitación.

Al llegar se lanzó sobre su cama, abrió su diario, y en la siguiente página vacía escribió:

Bienvenida Lucía, hoy llegaste al mundo real. Donde los príncipes caminan y las princesas no tienen candados en su corazón.

Hoy estoy latiendo tu nombre. Y tus ojos no despiertan a la música.

Trato de ser común y desaparecer entre los miles de ojos de una ciudad que ya dejó de ser virgen. Perderme en la inmensidad del vacío y nadar entre las manos que ya no tienen olor de rocío, entre las piernas del oprimido, del resentido.

Vestido ando como el mendigo y camino convencido de serle fiel a la razón. Mas detener el arrullo vocálico, contener la marcha consonante que confluyen en el mar de tu nombre… eso no puedo.

Respiro aliento y me hago flauta.

Dónde está perdida tu mirada, dónde la dejaste olvidada, sin direcciones, sin guías… abandonada. Estará posada en la torre más acartonada. Dónde tu mirada recogió mi mano alada; tú, curiosa hada llena de certezas universales, de caminos indestructibles, de sonrisas inolvidables.

Y si tu nombre no fuera tu nombre, y te llamaras Sofía o Mercedes. El latir dentro mío no cambiaría y la música que no ves el mismo ritmo bailaría. porque el ave vuela sin saber que existe el aire y los peces no ven el mar. Igual tú te elevas y yo exhalo, y nadas en las corrientes de mi dolor.

Hoy tengo un nombre que habita sin ser residente ni visitante. Un nombre que domina sin ser tirano, y sirve sin ser esclavo. Es un nombre que vive sin saber del calor ni del amor. Solo es un nombre. El nombre. Tu nombre.

Hoy estoy latiendo sólo tu nombre y tú duermes… ¿por qué duermes sin mí?

Hoy fui feliz. Dos pasos adelante de mi orgullo, de mi desazón. Fui más fuerte que mis conflictos y bailé con mis recuerdos.

En la mañana un nacimiento confuso, sin certezas, con golpe, con dolor, con frío y sin abrazos, sólo silencio. Sin fama ni direcciones. Mi infancia fue matutina, divertida y casual, sin responsabilidades, olvidadiza de lo crudo del parto y lo vacío de la concepción.

Al mediodía llegó la adolescencia y dudé, me sentí feo y odiado, y creí que odiar era justo y necesario. Y te odie por lastimarme. Mis parpados se tensaron y la mirada se elevó. Eras insignificante, eras un aquel lejano y prescindible.

Luego del almuerzo vino el sopor, la obnubilación. Quería lo imposible, sostenía los sueños insostenibles y alcanzaba mis deseos más inalcanzables. Y dejé de ser adolescente, de odiar, sentir rechazo y decepción. Crecí.

En la tarde la lucha por la madurez, la búsqueda de la calma ante lo incontrolable. Recibir la violencia sostenida, y aprender en miradas de antiguos lo débil del alma mía. Ayer no supe ser padre, hoy hablé con muchos. Sus ojos llenos de alegría dolida, amaban sin conocer amor, temían ante la verdad de un error.

Hoy fui padre, pero no el que yo puedo ser.

Decisiones. Decisiones. Tic Tac, tic tac.

La muerte se acerca, es inevitable, cruel y liberadora.

¿Cómo deseo morir?

Cuando la pregunta es la correcta la respuesta viene sencilla. Moriré feliz.

Moriré como he tratado de vivir todos los días desde que tengo poder para hacer de ellos lo que me plazca. Moriré hoy feliz.

La muerte me arrancará del mundo, pero no el mundo de mí. La muerte tomara mi carne y mi calor, pero no lo que sentí y lo que mi manos transformaron.

Ja ja ja, la puta muerte creerá que ha vencido al llevarme con ella, pero mi felicidad se queda, pues la oscura sólo se lleva mi cuerpo. ¡Qué patética escena! La tan temida se conforma con carroña.

Mi alegría, mis risas, mis miradas y canciones. Estas palabras y tus ojos sobre ellas (que son los ojos que yo quiero que tengas al leer esto) eso no se lo puede llevar. ¡Eso es mío! ja ja ja

Hoy nací, crecí y voy camino a mi muerte. Hoy fui feliz. Mañana no importa, pues mañana será otro quien nazca en este cuerpo. Mañana será su labor, la de ése reencarnado Adolfo, el encontrar su propia vida y vivirla para ser feliz.

Mi día acaba… mi vida con él. Hoy ya no es hoy. Esto que lees no… podrá… ter…

Suelo decir que hago lo que quiero, pero no es así. Pues sólo me muevo cuando la vida se mueve en mí, y la mano del que habita en mi inicio aplaude al ritmo de batientes alas de abejorro del bosque.

Mi voz no fue tocada con el don del canto, con ritmos ni candencias especiales. Pero puedo cantar y canto cuando sueño que soy aire que se respira con alegría. Canto mucho y mal, es mi voz como la arena de un desierto púrpura. Demasiado intenso, demasiada arena, demasiada voz.

Mi cuerpo tiene alma, y mi alma se mueve con el alma de mi cuerpo al unísono y bailo. Este baile es hermoso cuando recuerdo a mis hijos nadando en el mar de mis ilusiones. Los pasos son poderosos y se alimentan de las miradas curiosas, de los alientos reservados.

Soy libre y soy esclavo. Hago lo que quiero, pero sólo cuando quiero lo que hago.

Mis pasiones son curiosas y se adentran en lo desconocido, en lo mortal. Y si lleno de arrogancia las dejará seguir en su búsqueda infantil hasta perderse, sólo por ejercicio pleno de mi libertad ¿qué pasaría entonces?

Sucedería que mis pequeñas aventureras se alejarían tanto de mi camino de vida que tendría que ir por ellas. Y también yo dejaría de avanzar. Y mi camino se llenaría de maleza y desaparecería entre lo inconmensurable del tiempo.

Hago lo que quiero, pero sé lo que quiero. Cuando olvide mi razón de vivir será el momento de liberar a mis pasiones y vivir esclavo a ellas, en lo mundano y dejando que la hierba devore mi destino.

Mi Twitter

julio 2017
L M X J V S D
« May    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Archivos