Permite que hoy te confiese lo mucho que te odio. Sé que no tengo derecho para decírtelo, debería ser algo que me guarde para mí. Como el comentario irónico que suelte cuando alguien mencione tu nombre o la risa involuntaria cuando digan que eres feliz.

Pero hoy no lo soporto dentro de mí. Hoy quiero verte muerta a mi lado. Muerta a mano mía, sin pena, con placer.

Eres tan bella y silente y tus ojos pierden el brillo seductor del cual me enamoré. Del cual todos se enamoran, pero ya no más.  Ya nada de lo que digan o me diga a mi mismo detendrá esta marejada. Hoy te odio desde lo más profundo de mi ser hasta lo más externo del tuyo. Mi piel arde e incinera tu hedor, tu asqueroso perfume de catalogo.

Ridícula idea de comprar máscaras para seducir y luego indignarte por lo cerdo que fluye de los hombres. Patética princesa llena de defectos cubiertos de base y lápiz labial.

Triste representación de una mujer. Mujer que no fuiste ni serás, porque tus entrañas se calientan más rápido que tu amor, porque prefieres que alaben tus piernas y que sus miradas no suban a tus ojos llenos de dolor. Pretendes ser fuerte y no dudar. Reír sin vacilar, pues la imagen lo exige así. Independiente, poderosa, invulnerable.

Te digo hoy que te odio sin compasión ni comprensión. Hoy te odio como un recién nacido sabe odiar, sin limites, sin contemplaciones. Odio puro, odio que araña y muerde. Odio que se arrastra hasta tus pies y trata de arrancar tus uñas con desesperación.

Es un odio perfecto, pues no siento culpas de sentirlo. Me hace humano, me hace real.

Anuncios