… mas odio la escuela…

Sé que parece contradictorio, pero es la verdad. Desde que empecé mis estudios sentí que algo había mal en esto. No podía ser posible que a pesar de ser tantos profesores hubiera un nivel tan lamentable en los estudiantes.

Llegué a pensar, como muchos, que el problema era de profesores desmotivados y mediocres, pero no. Los profesores pueden ser muy buenos, capacitados y colmados de motivación y amor por su trabajo; y aún así no marcar una diferencia en la conducta y nivel de sus estudiantes.

No digo que no logren resultados con algún chico o chica de su clase, estoy seguro que si. Pero a lo que me refiero es a conseguir no sólo un, o dos chicos exitosos por año, sino generar toda una clase de alumnos de éxito (o más aún) todos los alumnos de un centro.

Que lo raro sean los estudiantes promedios, que pasan “raspando”.

Y pensando en ello, desde mi novel experiencia “en el aula” confirmé mis anteriores sospechas.

La mayor razón de los fracasos escolares pasa más por la pseudo moderna política educativa que asumen las instituciones educativas. Que debajo de las frases “modernidad”, “de vanguardia”, “de calidad”, “personalizada” y demás tonterías lo único que hacen es mantener la prosaica enseñanza unidireccional, bancaria, que reduce al estudiante en un mero receptáculo, atiborrándolo de tareas inútiles y descontextualizadas; tanto de su entorno como de su nivel de desarrollo personal.

Y es que cómo podemos hablar de una educación moderna y de calidad cuando se mantiene la imagen del alumno como una especie de animal al cual hay que domesticar… “educar”. Qué clase de incoherencia es esta. Pretender ser modernos usando palabras muy actuales pero manteniendo actitudes from the past no hace más que demostrar que la ignorancia de un proceso pedagógico sistemático hace más daño que cualquier docente desmotivado o ignorante.

Y es que incluso un docente así puede mejorar si se encuentra soportado por un sistema que lo motive a una reestructuración de sus procesos de enseñanza-aprendizaje.

La educación, como proceso filosófico, ha cambiado, los docentes hacen lo posible por que su práctica este lo más acorde posible con esta nueva realidad, pero la gran ancla, el gran lastre que detiene y sirve de agarre para los mediocres va por la burocracia medieval de la organización pedagógica.

 

Amo enseñar… pero la escuela es el último lugar para hacerlo…

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