Debo confesar que cuando llegué me sentía solo. No sólo la obvia sensación de alguien que está en un lugar desconocido sino el hecho de que me encontraba por primera vez alejado de todo lo que conocía y de todas las personas que quería. El viaje en bus había acabado y de golpe llegó a mi la realidad. Estaba en Pucallpa a 800 km. de Lima. Sé que sonará tonto, o ingenuo el pensar que antes de este momento no hubiera sido consciente de este hecho, pero es que soy un tonto ingenuo, que le puedo hacer.

 

Esperé por algunos minutos que la prima de mi amigo me recogiera del terminal, habían muchos mototaxistas que trataban de cargar mis maletas en sus vehículos para así ganar una “carrera”. Yo firme me mantuve en mi lugar y afirmación: “Estoy esperando a alguien, no, gracias”. Ya cuando sólo quedaba un solo señor a mi lado insistiendo en que el podía llevarme a donde quisiera, que sólo debía indicarle el lugar o el nombre de la persona y él “amablemente” me llevaría. Dudé. “Hola, ¿tú eres el amigo de Sammy?”. Mi salvación. Mi cuidadora había llegado y con ella el fin a mis tribulaciones.

 

Nos fuimos a su casa en el mototaxi del señor que pacientemente esperó junto a mí en el terminal y regateando el precio por la carrera convinieron que 3 soles era un precio justo. Lo cual me hice creer que la casa de dicha muchacha estaría relativamente cerca. Nuevamente el error de medir las cosas con el canon limeño me jugó una mala pasada. No sólo el tiempo es diferente, sino también el espacio, pues el transporte de nosotros dos con mi bulto a través de la ciudad por mas de 15 minutos por el módico precio de 3 soles en Lima sería algo no sólo impensable, sino ridículo y digno de la más respetable mandada a que te lleve tu abuela.

 

Los días en Pucallpa transcurrieron tranquilos, realmente la ciudad no es tan grande como podría pensar… en comparación será del tamaño de un distrito mediano de Lima. La familia con la cual pasé esos días son realmente amables y con el hijo menor pude conocer gran parte de la ciudad un día en que salimos a pasear en su moto. Lamentablemente no pude tomar muchas fotos porque como es febrero están con esto de los carnavales y los baldazos de agua vuelan sin temor. Mi cámara no podía correr esos riesgos.

 

quiere salir!!!

quiere salir!!!

 

la casheee

la casheee

Pucallpa es una Lima pequeña. Y creo que el proceso de modernización de una ciudad pasa equivocadamente por el modelo Lima. Pues vi como esa linda ciudad era consumida por bares, fábricas, comercios y ambulantes; todos centrados en un pequeño foco en la ciudad. Y esto trae a la delincuencia. Y ya las calles no son seguras, las casas comienzan a fortificarse y las personas a temer.

 

Las recomendaciones que recibí ahí en esa ciudad fueron las mismas que podría recibir al querer pasear por Lima: “Cuidado con salir de noche”, “no tomes motocarros de noche y con cosas que puedan llamar la atención”.  Me dio pena, mucha pena como el desarrollo económico de un pueblo pueda avanzar ignorando las heridas que ara en las tierras donde germina.

 

Soy una persona muy amable cuando quiero, y este viaje me ha permitido explorar los limites mismos de dicha cualidad. Los frutos de dicha exploración fueron explosivos e inmediatos. La señora, tía de mi amigo, me comentaba que Contamana no era un lugar adecuado para alguien como yo, que debería quedarme en Pucallpa y buscar trabajo ahí. Que es una ciudad desarrollada y que podía incluso quedarme ahí con ellos, que los cuartos que tenía no los había alquilado por no contar con la confianza suficiente para ceder un espacio en su hogar a un desconocido. Esta declaración me hizo sentir muy bien. Fue un momento muy agradable y lo agradecí enormemente. Me sentía cómodo y además había la posibilidad de conseguir trabajo en una ONG local por una amiga la cual me prometió llamar para concretar.

 

Nunca me devolvió la llamada.

 

Nuevamente este camino de vida me ofrecía un lugar cómodo y seguro donde estar, con amplias posibilidades de conseguir trabajo y de hacer una vida ahí. Y es que estas pausas seductoras no descansan. Se abalanzan sobre tu espíritu como un ancla se aferra al lecho marino. Y dudé.

 

Un mensaje de texto enviado por mi madre, ante la notificación de esta nueva posibilidad, me despertó de mi letargo: “Que bien hijo, pero tu objetivo es el colegio”.

 

Tan claro como directo. Mi objetivo de toda esta travesía era conseguir experiencia en el ámbito educativo, de ofrecerme a mi mismo la posibilidad de enseñar en un espacio escolar. Y mi amigo desde Lima me apuraba: “sal ahora que sino se pierde todo” Y en menos de 30 minutos ya estaba camino a la lancha que me alejaría de Pucallpa y me entregaría cual hijo prodigo a esta nueva casa… Contamana.

 

Es que cuando deseas algo desde el corazón, así no seas consciente de este deseo… todo el universo conspira para concederlo.

 

Mi visita a Pucallpa me agradó, pero creo que dicha sensación está ligada a las similitudes que esta ciudad guarda con Lima. Mi lejana Lima, Lima limón…

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