Tengo aproximadamente 156 años sin ver de cerca una maquina de escribir, objeto tan importante en su momento, centro de mesa en muchas oficinas más allá de su verdadera función. Recuerdo que me encantaba el sonido metálico y “musical” de las teclas al moverse y disparar toda la mecánica que permitía a la letra cobrar vida.

Escribir en una de estas maquinas tenia algo de radical permanencia en el tiempo, era imprimir en el momento, justificar las leyes de la física analógica derrotadas más tarde por la tecnología digital.

Jeremy Mayer es un artista transformador, convierte maquinas de escribir en esculturas y robots de ciencia ficción. Sus obras sorprenden y parecen sacadas de algun mundo futurista de los años 20’s, con un sentimiento terrible de automatización de baja escala.

Via: Ezquizopedia

Enlace original: Wired

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