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Suelo decir que hago lo que quiero, pero no es así. Pues sólo me muevo cuando la vida se mueve en mí, y la mano del que habita en mi inicio aplaude al ritmo de batientes alas de abejorro del bosque.

Mi voz no fue tocada con el don del canto, con ritmos ni candencias especiales. Pero puedo cantar y canto cuando sueño que soy aire que se respira con alegría. Canto mucho y mal, es mi voz como la arena de un desierto púrpura. Demasiado intenso, demasiada arena, demasiada voz.

Mi cuerpo tiene alma, y mi alma se mueve con el alma de mi cuerpo al unísono y bailo. Este baile es hermoso cuando recuerdo a mis hijos nadando en el mar de mis ilusiones. Los pasos son poderosos y se alimentan de las miradas curiosas, de los alientos reservados.

Soy libre y soy esclavo. Hago lo que quiero, pero sólo cuando quiero lo que hago.

Mis pasiones son curiosas y se adentran en lo desconocido, en lo mortal. Y si lleno de arrogancia las dejará seguir en su búsqueda infantil hasta perderse, sólo por ejercicio pleno de mi libertad ¿qué pasaría entonces?

Sucedería que mis pequeñas aventureras se alejarían tanto de mi camino de vida que tendría que ir por ellas. Y también yo dejaría de avanzar. Y mi camino se llenaría de maleza y desaparecería entre lo inconmensurable del tiempo.

Hago lo que quiero, pero sé lo que quiero. Cuando olvide mi razón de vivir será el momento de liberar a mis pasiones y vivir esclavo a ellas, en lo mundano y dejando que la hierba devore mi destino.

“When I was a kid I used to pray every night for a new bicycle.
Then I realised God doesn’t work that way, so I stole one and prayed for forgiveness.”

Bansky – Manifiesto

Veo un pasaje de luz.

Es un pasaje de luz en el castillo de mis pasiones, de mis camas a medio tender, de mis zapatillas sucias de polvo y olvido. ¡Oh! Dulce castillo de arcilla ennegrecida por la desidia y la traición. ¿Qué ser aquello que desposeerte de tu noche puede?

Una pequeña estrella. De alma irresoluta y atrevida inunda mis espacios personales. Oh castillo ¡Detenla!

Detenla te lo pido, mis ojos se lastiman con su presencia. Dile que se aleje de nosotros, de nuestra nocturna compañía, y de mi dolor de madre sin hijo.

¿Qué haces conmigo dulce estrella? ¿Por qué te acercas a este páramo lascivo? ¿No sabes acaso que tus brillos insultan a los desdichados seres de las sombras? No, no. Nunca me importaron esos otros congéneres míos. Animales insensatos. No. Lo digo de nuevo, por mí. Sin pregunta, afirmo.

Te burlas de mí con tu presencia arrolladora y a la vez efímera, pues éste no es tu lugar. Quizás estés perdida o de paso, pero sabes, como yo, que no te quedarás. Y cuando te vayas… ¿qué será de mi castillo, de mi páramo y de mí?

Cuando vuelvas a las alturas donde perteneces estrella mía. ¿quién secará mis camisetas turquesas? Responde sin dudar, pues, de ti, un suspiro resuena y un pestañeo agobia y aprieta mis uñas roídas. Responde dulce estrella mía. Responde sin dejar de brillar en mí.

Y aún así el calor me llena y mis brazos se elevan al infinito… mi castillo se hace polvo y un cielo de abrazos contenidos se libera de mis ojos inundados de felicidad. Y renazco en ella y ella en mí. Mi estrella soy yo y yo un cielo de nubes de leche y semen. Y soy feliz.

Es un lunes por la tarde y ya todo acabó. Veo nubes moverse y aves hablar. Mi estrella está lejos de mí y dentro de mí. Es momento de esperar. El tiempo de gravidez ha empezado.

Rugui regresa a mí y me habla de sus viajes interiores.

Me cuenta cómo conoció al horror y a la miseria. Vecinas del dolor y la soledad, y pienso que descansar debe. Le ofrezco mi cama y sin dudarlo se tumba sobre ella. Con la cara entre las almohadas me susurra algo casi ininteligible. Me pide que me acerque.

Con mis manos cojo su mano derecha, está herido. Me asusto, él lo nota.

“No es nada, por favor tráeme un poco de agua”

Me levanto rápido y lleno un vaso con agua del grifo. Regreso a la habitación pero no estaba en la cama. Lo busco con la mirada por toda la habitación, dejo el vaso con agua en la mesa de noche.

Escucho la ducha sonar, el agua golpear el piso de mayólica y un momento después algo que interrumpe el camino del agua al piso.

Me siento en la cama y espero que salga. Desde adentro él grita:  “No te imaginas la cantidad de cosas que he visto”

- Pues obvio que no. Cuéntame un poco, para así imaginarme algo.

- Hablé con la noche y con tu soledad. (no me gustaba cómo iba el tema)

- Y… ¿algo interesante por ahí?

Silencio.

- Vamos no te hagas el interesante, háblame.

La ducha seguía sonando. El obstáculo entre el agua y el piso también estaba ahí, así que no es posible que se haya desvanecido. ¿Por qué no contestaba?

- ¿Estás bien?

- Sí, sólo recordaba el olor de la noche, un olor a madera, a humedad… una cruz, sí, eso.

- Deja de pensar en eso. Ponte algo y sal a descansar.

- …una cruz que pesa más con cada paso que das.  Una cruz que sólo sirve para desear el sol.

Salió del baño, tenía los ojos cubiertos con sus cabellos húmedos, pero sabía que el agua que escurría de ellos eran lágrimas.

Africa

ÁFRICA

Finalmente ganando en algo.

(AIDS = SIDA)

Saludos mis invisibles lectores. He tenido unos días muy intensos en compañía de un amigo de Canada y dos amigos suyos que están desarrollando unos talleres de teatro, acá en el sur de la ciudad.

Pero no es de eso que quiero hablarles ahora. Ya eso se los iré contando luego.

El día sábado en la noche estábamos con un grupo de amigos, entre ellos mis dos amigos canadienses, y teníamos ganas de ir a bailar. Uno de ellos propuso ir a una discoteca en Miraflores y a todos nos pareció buena idea.

Una vez ahí, estuvimos entrando y saliendo de varios locales como viendo cuál nos gustaba más. Hasta que llegamos al local llamado (irónicamente) “Sabor Peruano”.

En la entrada los dos chicos canadienses, que estaban adelante del resto, pasaron sin problemas (ni los miraron creo), pero cuando nos acercamos el resto del grupo. Dos chicas y yo, los tres de aspecto “muy peruano” al parecer, fuimos detenidos por las personas de seguridad de la entrada. Quienes con un tono de voz muy cortante (esto puede ser subjetivo) nos indicaron que la entrada constaba de 20 soles y el consumo mínimo de dos jarras de cerveza.

Fue algo que nos sorprendió mucho, a la vez que indignó. Luego de indicar que veníamos en grupo y que por qué a ellos no se les dijo nada de eso (pregunta que no respondieron) nos dejaron pasar sin disculparse.

Pensé en quejarme o algo, pero imaginé que dicha actitud es algo ordenado por la misma administración del local, puesto que son ellos quienes instruyen a su personal ¿o no es así?  Además que no quería arruinar una noche de diversión por una estupidez de algún subnormal.

Es lamentable que aún existan esta clase de tratos entre peruanos. Que sigamos siendo tan obtusos en la comprensión de una realidad pluricultural como la nuestra. Que guiados por no sé qué ideas se pueda ejercer tan abiertamente, y sin remordimiento, un acto de discriminación tan patético.

Y lo más anecdótico de todo es que el local se llamara “Sabor Peruano” pues cuál sabor peruano pueden ofrecer si se esfuerzan por dejar al Perú afuera de ellos.

Felices fiestas patrias. No se olviden de limpiar el piso.

La memoria puede cambiar la forma de una habitación; puede cambiar el color de un coche. Y los recuerdos pueden ser distorsionados. No son más que una interpretación, no son una grabación, y son irrelevantes si tienes los hechos.

- Leonard en Memento

Vivimos en un mundo newtoniano de física einsteniana gobernada por una lógica frankinsteniana.

– David Russel

Mi primer amor tenia los ojos redondos y oscuros, llenos de silencio y de sensualidad. Mi primer amor tenía 15 años, y yo 12; y sus manos pequeñas abrazaban mis dudas y las entregaban al olvido. Era una traviesa que no dudó en ignorar mis propuestas de amor y mis suspiros al viento. Nombre italiano que no olvidaré, besos detrás de los salones del colegio, en la noche, sin ojos avizores, sin credibilidad.

Mi primer amor me abandonó cuando vacilé y le dije que no me gustaba la salsa. Se fue con un niño de blanco, un niño mayor de 15 años.

 

Mi segundo amor tenia los dedos cortos y la inocencia perdida, niña que me hizo hombre, hombre que se hizo niño. Mi segundo amor fue un amor de mar y olvidos, de encuentros desencontrados y de parques húmedos, solitarios, escurridizos. Un amor que olía a pan de mañana, a fresco, a rocío de verano. Mi segundo amor cogió mi hombría y la hizo suya, con sus dedos de bebe, con sus labios de mujer, con sus cabellos oscuros como fosas marinas.

Mi segundo amor no me dejó, mi segundo amor fue abandonado al lado del camino. Mi segundo amor me dijo: “te odio”.

 

Mi tercer amor se llama Ángelica.

 

Mi cuarto amor me hablaba en inglés. Un amor rápido y doloroso. Mi cuarto amor preparaba el desayuno, diligente, pudorosa, dietética. Leía de noche y pagaba las entradas. Un amor profundo, aséptico, con olor a alcohol y a paño húmedo. Así terminó mi cuarto amor. Sin herida sangrante, un corte sano, adulto, indiferente.

Mi cuarto amor desapareció y me dejó con una foto de un pollo huérfano.

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