You are currently browsing the tag archive for the 'Sueños' tag.
Uno sueños con el futuro, hablo de paz y veo los sonidos de las almas soñadores. Pienso y pienso y no comprendo como hay tantos que respiran, y no anidan este sufrimiento. El dolor de la alegría, el olor de amor, de amor eterno.
En mi telar trabajo sin cesar por producir un abrigo polar que tapar pueda el hablar sin pensar. Jugar y jugar, y me divierte el pensar que tú no lo comprendes, es normal, tú eres normal, y yo soy el ademán de un dios que ya descansar pidió a su majestad, la humanidad.
Estoy tejiendo algo nuevo, un huevo sin fuego, con ruego tiento que no salga luego un ave tosiendo, un pollo corriendo, un mundo muriendo. Es un huevo, nada puedo lograr con él, sólo el empollar y ver si cacarear enseñar a un reptil lograré o aletear a una serpiente, perderé.
Ya es tarde y la jornada acaba, las agujas afilarse deben, cloridio para ojos penetrados, putas del taller, putas tristes, sin curvas, sin honor, frías de corazón, frígidas de pasión.
El tejido está sin acabar y hoy dormiré sin ver el ovillo, lo dejaré en el piso, junto a los retazos de un trabajo anterior, era un pequeño olvido que dejé para después. Ahora a dormir.
Suelo decir que hago lo que quiero, pero no es así. Pues sólo me muevo cuando la vida se mueve en mí, y la mano del que habita en mi inicio aplaude al ritmo de batientes alas de abejorro del bosque.
Mi voz no fue tocada con el don del canto, con ritmos ni candencias especiales. Pero puedo cantar y canto cuando sueño que soy aire que se respira con alegría. Canto mucho y mal, es mi voz como la arena de un desierto púrpura. Demasiado intenso, demasiada arena, demasiada voz.
Mi cuerpo tiene alma, y mi alma se mueve con el alma de mi cuerpo al unísono y bailo. Este baile es hermoso cuando recuerdo a mis hijos nadando en el mar de mis ilusiones. Los pasos son poderosos y se alimentan de las miradas curiosas, de los alientos reservados.
Soy libre y soy esclavo. Hago lo que quiero, pero sólo cuando quiero lo que hago.
Mis pasiones son curiosas y se adentran en lo desconocido, en lo mortal. Y si lleno de arrogancia las dejará seguir en su búsqueda infantil hasta perderse, sólo por ejercicio pleno de mi libertad ¿qué pasaría entonces?
Sucedería que mis pequeñas aventureras se alejarían tanto de mi camino de vida que tendría que ir por ellas. Y también yo dejaría de avanzar. Y mi camino se llenaría de maleza y desaparecería entre lo inconmensurable del tiempo.
Hago lo que quiero, pero sé lo que quiero. Cuando olvide mi razón de vivir será el momento de liberar a mis pasiones y vivir esclavo a ellas, en lo mundano y dejando que la hierba devore mi destino.
Hoy me senté en el jardín de mi casa y mientras veía a un pequeño caracol moverse entre las hojas, pensé: “la vida es demasiado hermosa”. Una serie de pensamientos salvajes y violentos irrumpieron en mi cabeza intentando arrancar la tranquilidad ofrecida por esa verdad.
¿hermosa? – preguntaba uno – debe ser una mala broma, con tanto dolor, con tanta soledad en tu corazón. ¿O es que acaso eres feliz tal como eres?
Esta idea me desconcertó (en parte consiguió su objetivo, ya no estaba pensando en la perfección de la vida), es claro que no estoy contento con la vida que tengo, me gustaría que tantas cosas fueran diferentes.
Por ejemplo me gustaría saber que se siente tener un padre amoroso, un hermano mayor, una novia popular, haber estudiado otra carrera, dedicado mi dinero a verme mejor, viajar más, comer menos.
Pero, ¿eso me haría más feliz? Acaso mi vida con todos esos cambios ¿sería mejor que la que ya estoy viviendo? Imposible saberlo, imposible.
Entonces, si es imposible saber lo que será, y sólo tenemos como real lo que es y luego de ello lo que fue, ¿es posible definir eso como perfección? Me atrevo a decir que sí.
Lo perfecto no es lo que este libre de error o fallo, lo perfecto es aquello que alcanza el más alto grado de excelencia en su línea. Y nuestra vida, llena de momentos, de sonidos, olores y sensaciones es única. Nadie más en este mundo, ni ahora ni nunca antes en el pasado, ni nunca jamás en el futuro; tendrá la misma vida que tú. Que yo.
Ahora no sólo siento que mi vida es perfecta, ahora sé que es así. Ya no caminaré ciego en este mundo cada vez más oscuro, lleno de gente que trabaja para vivir, que copula para no amar, y ríe sin alegría, y llora con lágrimas secas.
Este mundo ya dejó sus días y sus tardes. Ahora todo es de noche, y en las noches ya no hay caras, ya no hay vergüenzas, pero una vida a oscuras es una vida que no vale la pena vivir.
Ésa, sí es una vida imperfecta.
Conozco lugares hermosos, de cielos profundos y gente que ríe,
llenos de pasajes en las montañas heladas, llenos de verdor,
llenos de aves que conversan sobre las aguas de lo tranquilo.
Y tú no estás.
Un bote con dos remos reclama atención, un lago desorbitado,
arboles viejos tiemblan y se quitan lo blanco del ayer, del hoy,
el sol llena, brilla, baila, suena… sí, un sol que suena en el alma.
Y tú no estás.
Caballos pasean ignorando a sus jinetes, ignorando todo,
animales juegan y viven sin humanizarse, sin animalizarse,
dos bellotas caen, caen, caen, tengo hambre y las cogeré.
Y tú no estás.
No estás y lo sé. No estás y todo es bello. Es bello, pero no tan bello sin ti. Todo tiene música, pero pierde el ritmo sin tus pasos. Todo está bien y a la vez tan mal. Y es que sólo contigo la normalidad puede ser vida.
Cuéntame cómo Cyan cambió cada cielo, cada cuerpo celestial, cada cena copiosa con celestes crayones, cera cósmica cargada, colmada, concentrada. Cuéntame compañera, cuyos cabellos castaños conocí. Cuyas curvas concibo como candentes cualidades. Cuéntame cruel ciudadana, ciclista consumada, caminante conquistadora.
Cyan, conservado coloso, comprensivo camarada, ¿cuándo caerás carismático conversador? ¡¿Cuándo?!
Cyan cómo cesas cursilerías cobres, cavilaciones corrosivas, circunstancias comprometidas. Con cabellos canos, cejas caídas, ceño corrugado. ¿Cómo Cyan? ¿cómo?
Cyan, con cara coqueta, con camisa, corbata, correa, calzado cochino. Cyan ¡corre! cariño corre, criminales confluyen, corre cuidadosamente, corre conmigo, codo con codo, cadera con cadera, corre.
Es de mañana y los pasos del ayer se sienten en mi puerta. Prefiero dormir un poco más. Mi pasado seguirá ahí cuando despierte, siempre estará ahí.
Casi las doce, y el muro de mis lamentaciones reclama mi presencia. Una invitación ineludible lo saben. Camino dos pasos, quizás tres, cuando un recuerdo viene a mí. Me coge de los cabellos, me gira el rostro hacia él, me atrapa y yo me dejo caer. Me tiene. Me tiene suya y me gusta.
Entre las almohadas y mis sábanas aún tibias un escenario se abre, un sueño de voces pasajeras, de sombras y de risas olvidadas. Un sueño raro como todos y simple como sólo cada uno de ellos sabe serlo.
En él mi boca se abre y no sale nada. No hay nada. Un agujero negro que absorbe la luz de la esperanza, que devora lo tranquilo de una mañana, lo dulce de un “te quiero”.
Mi muro truena y me libera de mi onírico captor. Es tan fuerte que le temo. Temo que decida aplastarme con la masa de mis temblores, asfixiarme con el agua de mis vacíos. Es un delicado muro de barro, y le temo.
Hoy la pensé…, la pensé y me ha llamado…
¡Hoy creo en Dios!
- Adolfo Lara Becquer.
Un predicamento que sí, fuerte acongoja,
una duda que repulsa, revela antipatía,
un sentimiento que embarga, que sonroja,
una cama, que yo compartía.
Cuatro ojos, cuatro manos, una almohada fría.
Dos narices, dos cabezas, la sábana muy floja.
Uno arriba, otro abajo, y el cuento descendía
silencio… y la voz queda coja.
Pensar en animales que aman me arroja
a creer que el amor sin duda existía,
mas una margarita que alguien deshoja
no es, para nada, alegría.
Es ilusión infantil, una tonta utopía,
como realidad misma, menuda paradoja,
lo real y soñado son una fantasía,
cual rosa que olvidó ser roja.
Mi primer amor tenia los ojos redondos y oscuros, llenos de silencio y de sensualidad. Mi primer amor tenía 15 años, y yo 12; y sus manos pequeñas abrazaban mis dudas y las entregaban al olvido. Era una traviesa que no dudó en ignorar mis propuestas de amor y mis suspiros al viento. Nombre italiano que no olvidaré, besos detrás de los salones del colegio, en la noche, sin ojos avizores, sin credibilidad.
Mi primer amor me abandonó cuando vacilé y le dije que no me gustaba la salsa. Se fue con un niño de blanco, un niño mayor de 15 años.
Mi segundo amor tenia los dedos cortos y la inocencia perdida, niña que me hizo hombre, hombre que se hizo niño. Mi segundo amor fue un amor de mar y olvidos, de encuentros desencontrados y de parques húmedos, solitarios, escurridizos. Un amor que olía a pan de mañana, a fresco, a rocío de verano. Mi segundo amor cogió mi hombría y la hizo suya, con sus dedos de bebe, con sus labios de mujer, con sus cabellos oscuros como fosas marinas.
Mi segundo amor no me dejó, mi segundo amor fue abandonado al lado del camino. Mi segundo amor me dijo: “te odio”.
Mi tercer amor se llama Ángelica.
Mi cuarto amor me hablaba en inglés. Un amor rápido y doloroso. Mi cuarto amor preparaba el desayuno, diligente, pudorosa, dietética. Leía de noche y pagaba las entradas. Un amor profundo, aséptico, con olor a alcohol y a paño húmedo. Así terminó mi cuarto amor. Sin herida sangrante, un corte sano, adulto, indiferente.
Mi cuarto amor desapareció y me dejó con una foto de un pollo huérfano.
Empezaré este post diciendo una verdad irrefutable. Soy un idiota.
Soy un idiota que confía demasiado en las personas, que cree ciegamente que toda persona merece ser tratada como inocente y justa sin sustento aparente. Esto es algo que lo saben muy bien mi familia y amigos cercanos (término redundante, sólo las personas cercanas merecen ser llamadas amigos).
En estos días la vida me entregó dos enormes regalos. Un demonio que entró en mi vida y hogar; y que abuso de ambas llevándose consigo cosas valiosas, mas lo que más me dolió fue que se llevó mi confianza, mi seguridad y mi tranquilidad. Me gustaría decir que me siento totalmente inocente de este abuso, pero no es así, pues fui yo quien movido por mis instintos invitó al demonio a mi hogar y le dio carta blanca para hacer lo que hizo.
Un idiota lo ven.
Mas luego se me ofrece en recompensa la compañía de un ángel. De un maravilloso ser que calmó mis iras y velo mi sueño. Que me devolvió la confianza en mí mismo y en los demás. Una persona que sin pensarlo me arrancó de tortuosos tormentos y me entregó cariño y calor humano. Que me hizo sentir amado y capaz de amar. Una linda mujer que compartió su vida y atenta escuchó la mía. Que se emocionó con mis aventuras selváticas, se asustó con mis relatos nocturnos de noches tormentosas, se enfadó y maldijo por mí al demonio ladrón, preguntó como nadie por cada uno de los detalles de mi vida. Resumiendo. Me hizo sentir un ser humano valioso de nuevo.
Doblemente idiota ahora.
Por qué afirmo esto último. Pues porque a pesar de la evidencia palpable de la maldad residente en las personas, del padecimiento extremo al que puedo ser expuesto por mis ilusiones, del dolor y abatimiento que esto puede generar en mí; a pesar de todo esto, aún no pierdo la fe en el otro. Porque sé que las personas pueden ser buenas, porque sé que pueden generar amor y maravillar al otro con este amor transformador incorrupto. Y así fuese mi ángel el único ser humano capaz de tamaña proeza, aún en este caso apocalíptico, aún ahí no perderé la fe.
Mi ángel es la prueba que mi alma necesitaba, mi ángel acarició mis dolores con sus plumas; mis lágrimas no nacidas las almacenó en su seno maternal. Y puedo a pesar de todo seguir siendo feliz.
Esto demuestra mi premisa inicial. Soy un idiota. Lo sé. Y está bien que sea así. Pues lo contrario, la desconfianza y suspicacia ante lo desconocido me resulta un remedio mortal para vivir.
