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Un análisis de obligada lectura encontré vía twitter de Estrategia y negocios, sobre los cambios que sufre las estructuras sociales a raíz de los progresos tecnológicos y cómo se hace necesario una transformación de los sistemas educativos para, realmente, ofrecer una educación para la vida.

Educación para la vida

Se ha vuelto una perogrullada decir que nunca antes en la historia hemos vivido el ritmo de cambio que estamos experimentando en todas las facetas de la vida humana. Estos cambios están influyendo en la forma de comunicarnos, de crear, disfrutar y relacionarnos como personas.

Las empresas están reaccionando cada vez con mayor rapidez a ellos, tratando de entender cómo pueden beneficiarse y cómo pueden aprovecharse de estas tendencias. La actual es una verdadera “revolución ciudadana” en el sentido de que la interacción de millones de seres humanos está generando consecuencias no diseñadas de antemano.

Más lentamente que las empresas, los gobiernos aún están buscando incorporar estas tendencias en sus programas y operaciones. Mientras tanto, ¿qué ha pasado con la educación en todo el mundo y, en particular, en América Latina? La respuesta es: no mucho.

La gran extensión del cambio es la provisión de tecnología de comunicaciones en el aula que, sin duda, apoya en forma importante el proceso educativo, pero no ha habido una “revolución” paralela en la forma en que preparamos a nuestros niños y jóvenes en el mundo.

En una reunión de la Global Education Initiative del World Economic Forum discutía con varios CEO y altos ejecutivos de empresas de todo el mundo cuáles serían las características del adulto joven del siglo XXI que los harían exitosos profesionalmente.

La lista era muy interesante: pensamiento estructurado y crítico, ética de trabajo, creatividad, empresarialismo, capacidad de trabajo en equipo, tolerancia y ojalá gusto por la diversidad, conciencia del mundo que los rodea (a escala global) y liderazgo.

El grupo incluía a representantes de empresas de una gran diversidad de industrias y países y el consenso era impresionante. Y, según ellos, aplicaba tanto a graduados de educación universitaria como de colegio (educación secundaria) para la base de sus empleados técnicos. ¿Y el contenido? ¿No querían buenos ingenieros, buenos ingenieros de sistemas, etc., etc.?

El consenso era que una disciplina profesional era importante en cuanto proveyera lo mencionado anteriormente, pero que las tecnologías hoy en día cambian tan rápidamente que, aún graduados de las mejores universidades, requieren un constante entrenamiento en sus lugares de trabajo.

Tampoco se discutía el “conocimiento” entendido como información acumulada en la memoria; es un hecho que este sea tan masivo que más bien requiere tener acceso a innumerables fuentes de información que están, por otro lado, cada vez más accesibles en tiempo real.

Reconozco que el perfil propuesto por empresarios y ejecutivos responde únicamente al elemento de productividad de la educación del ser humano; este, a su vez, también es un miembro de la sociedad, un ciudadano de su país y del mundo.

En esto también se está experimentando un cambio sin precedentes; mientras un sinnúmero de medios de prensa tradicionalmente poderosos enfrenta malos prospectos de sostenibilidad, la visibilidad de los individuos ha alcanzado niveles impensables hace una década.

Yoani Sánchez, una mujer cubana de 33 años, fue distinguida por Time Magazine como una de las 100 personas más influyentes en el mundo, gracias a sus reportes sobre la vida en la isla a través de su blog Generación Y.

Ritmos y ajustes

En realidad, es comprensible que no estemos cambiando la educación al mismo ritmo que cambian los sujetos de ésta (nuestros niños y niñas, adolescentes y adultos jóvenes), porque por primera vez ellos dominan este cambio de una forma que los adultos apenas comenzamos a estudiar y entender.

No es solo que nuestros hijos adolescentes y preadolescentes pueden configurar nuestros equipos de cómputo o teléfonos celulares mucho mejor que nosotros; en realidad, ellos acceden a un mundo de interacciones que para nosotros son incomprensibles y muchas veces inaceptables.

Por ejemplo, nos parece inaudito que una relación con alguien a quien nunca han visto físicamente se considere una amistad real (o peor, la base para un matrimonio, como ocurre con alguna frecuencia). Hasta su percepción de la realidad es diferente.

Yo personalmente he oído a preadolescentes que creen que saben jugar tennis porque obtienen altos puntajes en un juego de Wii. Por supuesto que están equivocados, por lo menos por ahora, hasta que el U.S. Open se juegue en consolas de Wii en vez de usar raquetas, bolas y sea en una cancha real.

Y no necesito profundizar en la capacidad de multitasking que es característica de cualquier persona nacida después de 1995.

Los expertos en cognición insisten en que perdemos capacidad de profundización en la medida que hacemos (o tratamos de hacer) varias cosas a la vez. Es posible y es hasta lógico, pero la realidad es que rara vez uno encuentra adolescentes haciendo una sola cosa a la vez.

Tal vez la esperanza está en que estas nuevas generaciones (y Millenium y las que siguen) comiencen a contribuir al diseño de un nuevo paradigma de educación. De hecho, algunos adultos jóvenes y no tan jóvenes comienzan a estudiar y entender esta realidad.

Proyectos como el Digital Youth Research en Berkeley (http://digitalyouth.ischool.berkeley.edu/) y el Lifelong Kindergarden en MIT Media Lab http://www.media.mit.edu/research/groups/lifelong-kindergarten están creando conocimiento que poco a poco va cambiando los paradigmas que utilizamos en la educación para el futuro.

Más vida, más educación

Un último factor que, en mi opinión, va a cambiar el paradigma de la educación en el siglo XXI es el cambio en la esperanza de vida de la población mundial. Va a ser mucho más común, para quienes nacieron alrededor del cambio de siglo, llegar a la edad de 100 años.

Eso significa que, muy probablemente, su edad de retiro se va a aplazar más allá de los tradicionales 65 años y, por tanto, la vida productiva de una persona va a incluir más de cinco décadas.

Esto, junto a los fenómenos de cambio tecnológico, probablemente va a derivar en un sistema educativo con un componente mucho más grande de educación continua. Es imposible que el entrenamiento que un adulto joven reciba en el 2010 siga siendo vigente en el 2040 o 2050, cuando esa persona esté a mitad de su vida productiva. Esto refuerza el cambio en el rol de la educación formal en la etapa temprana de la vida de un ser humano.

Mientras los países desarrollados enfrentan estos retos, en América Latina la educación está, en gran medida, estancada. La última gran revolución educativa en América Latina ocurrió hace un siglo, con la secularización de la educación en todo el continente.

El paradigma dominante sigue siendo fundamentalmente el mismo, los países más avanzados están enfatizando la enseñanza de matemáticas (disciplina muy valiosa para el desarrollo de pensamiento lógico estructurado) y del inglés como segundo idioma.

El acceso a tecnologías de información en el aula aún es incipiente, aunque hay esfuerzos importantes para hacerlo masivo en varios países. Sin embargo, en su gran mayoría, ese nuevo acceso sirve como apoyo a pedagogías del siglo pasado y, en algunos casos, de hace dos siglos.

Instituciones con recursos proveen acceso a plataformas de cómputo y acceso a Internet, pero no como palancas para el desarrollo de la creatividad, la innovación y la conciencia de una ciudadanía nacional y global.

Existen varios esfuerzos para cambiar esta realidad. El programa Preal, que promueve la reforma educativa en América Latina, ha propuesto un sinnúmero de cambios y mejoras que cambiarían nuestros sistemas educativos, pero en la vida real estos requieren superar obstáculos de otro tipo.

En todos los países, sin excepción, donde he tenido la oportunidad de discutir esfuerzos para cambiar la educación, el mayor obstáculo es político, la resistencia al cambio liderada por los sindicatos de maestros, en muchos casos afiliados y apoyados por un partido político. Esta resistencia no es representativa de la actitud de los maestros a nivel individual.

En proyectos del Incae en El Salvador y Costa Rica hemos tenido la oportunidad de observar la anuencia e incluso avidez de los maestros para cambiar la efectividad de su gestión. Cuando la comunicación y el involucramiento son eficaces, los educadores se convierten en líderes del cambio educativo.

Apurar el paso

El tiempo está en contra de nuestros esfuerzos regionales. Aumentar años de escolaridad toma décadas y muchos recursos. Obviamente, es necesario mantener esos esfuerzos pero, mientras eso ocurre, nuestra población sigue en desventaja para atraer inversión que genere empleo de mayor productividad e ingreso.

Es necesario desarrollar, en forma paralela y muy agresivamente, programas de capacitación en el trabajo y de capacitación técnica para que los adultos que ya no van a reinsertarse en el sistema formal de educación puedan aumentar sus habilidades y optar por mejores posibilidades laborales.

Programas que desarrollen destrezas o conocimientos específicos pueden tener un gran impacto en la empleabilidad de nuestra fuerza laboral. Un ejemplo evidente ocurre en el turismo, donde poseer un manejo básico del inglés provee acceso a oportunidades laborales de todo tipo (por supuesto, según las demás capacidades de la persona).

El reto del cambio educativo para nuestra región tiene que ser un proyecto de país y no una tarea solamente del gobierno. Los empresarios deben involucrarse, en primer lugar, porque son directamente beneficiados con el producto del sistema educativo, pero también porque, desde el punto de vista de producción, son las empresas las que conocen en forma precisa y anticipada los requerimientos de habilidades de la fuerza laboral.

Los empresarios también poseen recursos, más allá del dinero, que pueden apalancar fuertemente la gestión del sector público. En un ejemplo que conozco personalmente en Costa Rica, un grupo de empresarios organizados en la Asociación de Empresarios para el Desarrollo (AED) gestionó una mejora operativa para las escuelas públicas, el cual tiene el potencial de liberar hasta el 30% del tiempo de los maestros, pues antes se empleaba en cumplir labores administrativas.

A través de un programa en coordinación con el Ministerio de Educación Pública y los sindicatos de maestros, están impulsando la adopción de un sistema de software cuyo desarrollo fue financiado por dicho grupo de empresarios y permite alcanzar esa enorme eficiencia.

Si hay un tema que deberíamos tomar como agenda nacional, independientemente del sector al que pertenecemos o de las inclinaciones políticas personales, es la educación.

Sin un cambio cualitativo importante en la próxima década, la brecha entre nuestra región y el resto del mundo se puede expandir y nuestra capacidad de competir, y por tanto de generar una calidad de vida mejor para nuestros habitantes, se puede ver seriamente disminuida.

Ojalá tomemos incluso una posición regional en este tema. Existen economías de escala en el desarrollo de innovaciones pedagógicas, y la inversión en una región como Centroamérica, unida, podría hacer la diferencia necesaria para crear paz y prosperidad para todos.

                                                                                              Rector del INCAE

La tarea de evaluar el trabajo realizado con mis alumnos es siempre todo un reto para mí, pues sé el nivel que cada uno de ellos ha alcanzado en este período de trabajo y no me gusta que todo depende de su capacidad de recordar datos inconexos en una prueba totalmente arbitraria.

Aún así es una costumbre muy arraigada el realizar exámenes de ese tipo, no sólo para los docentes sino también para los mismos alumnos que no entienden (y se sorprenden ingratamente) cuando se les plantea algo diferente.

Enseño lenguaje, literatura, razonamiento verbal, computación y filosofía. Y curiosamente los cursos que se me hacen más fáciles de evaluar son los que se les hace más difícil entender.

Por ejemplo, filosofía. Desarrollamos la evolución de los filósofos socráticos, la moral y la ética, pero claro, las preguntas que me interesa plantear no son del tipo: ¿en qué año nació tal? o ¿o qué dijo este otro?. Me interesa más saber cómo ellos pueden relacionar las propuestas filosóficas en la construcción de una opinión con respecto a su realidad o su vida.

O también haciendo uso de las herramientas colaborativas para desarrollo de trabajos grupales o de tareas escolares. Fue todo un reto explicar a chicos y chicas habituados que la internet es mesenller, jotmeil y gugle, que existen muchos más usos y posibilidades en la red de redes y también cómo ellos pueden sacarle el jugo a todo esto.

Toca hacer una reingeniería mental para poder evaluar lo que me interesa evaluar y a la vez responder a las expectativas que los alumnos, padres y la misma institución tiene sobre los resultados de las pruebas.

Amo enseñar, pero qué difícil es hacerlo bien.

Cuando los padres se acostumbran a dejar hacer a sus hijos; cuando los hijos ya no toman en cuenta lo que aquellos dicen; cuando los maestros tiemblan ante sus alumnos y prefieren adularlos; cuando, finalmente, los jóvenes desprecian las leyes, porque ya no admiten por encima de ellos la autoridad de nada ni de nadie, es el principio de la tiranía y el fin de la pedagogía”

Sócrates

Un extenso pero interesante artículo donde claramente se expone lo que toda persona que reciba su diagnostico debe saber.

Vía: Menéame.

Choice

Lo sucedido el día de ayer me permitió una vez más constatar lo inserto que está en nuestra psiquis social la violencia.

¿Valdría decir entonces que somos una sociedad violenta? No me atrevería a tanto, pero por lo menos en lo que respecta a mi círculo directo puedo afirmar sin duda que sí. Y eso me preocupa.

El director informó a grandes rasgos lo sucedido el día anterior a todo el alumnado y a los padres de familia presentes, a fin de evitar malos entendidos (claro está que era su visión de lo sucedido), y controlar la excitación reinante en el ambiente; por otro lado me gustó su comentario que relacionaba la falta de educación con el accionar bruto de los municipales.

Aunque creo que se quedó corto en unir también nuestra reacción tan visceral con una falta de lucidez.

En clase, con los chicos de secundaria, hablé al respecto y aclaré que al margen de tener o no razón, nunca debimos actuar de esa manera. Lamenté y me disculpé de que los profesores hayamos podido brindar un mensaje de que llegado la situación la violencia puede ser aceptada, e incluso utilizada como medio para alcanzar la justicia.

Y ante este razonamiento me asalta una duda, que fue comentada por mis alumnos y amigos.

¿Es esta actitud un reflejo de un alma timorata o producto de una juiciosa lectura de la realidad?

Me gustaría pensar que es la segunda, pero veámoslo con detenimiento.

Un cobarde es aquel viciado por la prudencia que incapaz de encarar a realidad anula todo tipo de valor en su actuar. No sólo es aquel que no actúa ante un acto injusto, sino que reinterpreta la realidad para hacerla tan terrible que su inacción queda plenamente justificada.

Un pacifista es aquel que no usa la violencia ya sea por porque les resulta física o psíquicamente difícil o imposible, o porque creencias religiosas, morales, o éticas se lo impiden de manera radical.

La diferencia es abismal y las consecuencias de optar por una u otra también. Mientras una te hace cómplice de la injusticia y te hunde en la frustración; lo otro invita a la acción, a la negociación con el contrario y la inclusión del mismo para la resolución del conflicto.

Me parece importante en este punto recordar lo que dijo Isaac Asimov:

Nos acostumbramos a la violencia, y esto no es bueno para nuestra sociedad. Una población insensible es una población peligrosa”.

El hecho de ser más cuestionable y digno de crítica que alguien prefiera no pelear que lo contrario, debería ser una gran alarma que nos invite a reflexionar sobre nuestra propia vida.

Porque debemos recordar que:

Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia."

Mahatma Ghandi

¿qué son los puntos amarillos?

epidemia

Visto en: La pulga Snob

A raíz de toda el sensacionalismo desinformado que abunda en los medios de comunicación, sumado a la paranoia colectiva que se está apoderando de la población (esto a nivel mundial) me pareció interesante, e importante, compartir esta nota que encontré en la BBC Mundo.

¿Sirven para algo las mascarillas?

Hay mucha incertidumbre sobre el brote de gripe porcina, pero algo que nos tiene a todos muy confundidos es si las mascarillas sirven realmente para evitar la propagación del virus.

Personas con mascarillas

No hay evidencia científica que demuestre que las mascarillas evitan la propagación del virus.

Tal como nos contó la corresponsal de la BBC en México, Cecilia Barría, se quedó sorprendida al ver durante una conferencia de prensa en la Secretaría de Salud que nadie llevaba mascarillas. Ni las secretarias, ni los empleados de limpieza, ni los funcionarios, ni el director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades.

Cuando los reporteros le preguntaron a Miguel Ángel Lezana por qué, el funcionario dijo “porque la porosidad de las mascarillas permite fácilmente el paso de las partículas” y agregó que “es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie”.

Entonces ¿por qué el gobierno mexicano ha repartido millones de mascarillas a la población? y ¿por qué muchos ciudadanos en ese país están ahora angustiados ante la aparente escacez el humilde tapabocas?

Según Lezana, se repartieron mascarillas por “una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño”, afirmó.

Las cosas, sin embargo, podrían no ser tan simples.

¿Alarma?

A medida que la enfermedad se ha propagado de un país a otro, han surgido informes de compras “de pánico” en internet de todo tipo de productos, incluidas mascarillas. Y es que una de las imágenes que nos viene a la mente cuando hablamos de gripe porcina es la de los ciudadanos en México caminando por las calles con el rostro semicubierto.

Los expertos, es cierto, se muestran escépticos sobre la utilidad de las mascarillas para proteger contra la influenza.

Las mascarillas por sí solas no evitan la propagación del virus de influenza. Las medidas de higiene básicas como lavarse las manos, usar y desechar los pañuelos al estornudar, y desinfectar las superficies son la clave para evitar la transmisión de la infección

Dra. Gail Lusardi

“Realmente hay poca evidencia de que las mascarillas ofrezcan mucha protección contra el virus de influenza”, le dijo a la BBC el profesor John Oxford, virólogo del Hospital Barts en Londres.

“Y creo que haberlas distribuido al público como se ha hecho en México sólo ha servido para despertar desconfianza.

“La gente puede estar tranquila y ser consciente de las recomendaciones de salud, pero empezar a ver a otras personas apuradas en las calles con mascarillas es algo que puede sembrar el pánico”, afirma el profesor Oxford.

“Y ése es el tipo de cosas que queremos evitar con una situación como la actual, es decir, alarmar a la gente”, agrega.

Transmisión

La evidencia científica no demuestra que el uso general de mascarillas en personas que no están enfermas tenga algún efecto.

El Reino Unido, Estados Unidos y otros países han reservado el uso de las mascarillas -y de guantes especiales- para los empleados del sistema sanitario, particularmente aquéllos que están en contacto constante con víctimas potenciales.

Los expertos afirman además que estas personas deben utilizar mascarillas especiales con un filtro que evita el paso de algunas partículas en el aire, pero que son más costosas porque deben ser hechas a la medida del rostro.

El virus de gripe porcina, recordemos, se transmite como cualquier virus de gripe: principalmente por partículas de agua propulsadas hasta un metro cuando una persona contagiada estornuda o tose.

También puede haber contagio al tocar una superficie contaminada (donde la persona enferma ha tosido o estornudado) donde el virus puede sobrevivir algunas horas (dos horas o más dependiendo de la humedad del lugar) y después llevarse la mano a la boca o nariz.

Es por eso que las mascarillas con filtro son mucho más efectivas que las quirúrgicas estándar o las mascarillas contra polvo que se usan en construcciones, y sobre todo que las mascarillas de papel que son totalmente inútiles.

“Un virus como éste no puede contagiarse caminando por las calles, se necesita estar cerca de una persona contagiada -dice el profesor Oxford. Los trabajadores de salud son quienes tienen más probabilidades de entrar en contacto con el virus y los que pueden propagarlo”.

Ningún tipo de mascarilla, dicen los expertos, puede evitar en un 100% que las partículas se filtren. Y a medida que éstas se humedecen se vuelven menos efectivas.

Algunos piensan que podrían ser útiles si las usan las personas con síntomas de gripe para evitar que propaguen la infección.

Pero esto, creen los expertos, podría dar a la gente un falso sentido de seguridad.

Falsa seguridad

El doctor Ronald Cutler, subdirector de ciencias biomédicas de la Universidad de Londres, explica que “si estornudamos con una mascarilla el virus quedará contenido, y por eso se cree que si todos las usamos podría frenarse la propagación.

“O también se cree que se puede evitar si se le pide a la gente que tiene gripe que use mascarilla. Pero para cuando la gente ya está diagnosticada ya es demasiado tarde.

Mascarilla

El uso de mascarilla puede alarmar más que ayudar a la población.

“Y el principal problema es que hemos visto que cuando alguien estornuda suele quitarse la máscara. Así que estamos dando un falso sentido de seguridad a la población”.

El doctor Cutler agrega que “las mascarillas no son trajes bioquímicos. Obviamente sólo nos cubren una parte del cuerpo, pero nuestras manos y nuestra ropa también pueden tener el virus.

“Cuando la gente lleva una mascarilla cree que está protegida y que está bien seguir acudiendo a áreas donde hay muchas gente.

“La mejor recomendación es cubrirse la boca con un pañuelo desechable cuando se tose o estornuda. Y lavarse las manos después de estornudar o de tocar superficies que puedan estar contaminadas”.

La doctora Gail Lusardi, experta en salud pública de la Universidad de Glamorgan está de acuerdo.

“Las mascarillas por sí solas no evitan la propagación del virus de influenza. Las medidas de higiene básicas como lavarse las manos, usar y desechar los pañuelos al estornudar y desinfectar las superficies son la clave para evitar la transmisión de la infección”.

En cuanto a las mascarillas, dice la experta, son “mejor que nada” cuando es imposible evitar el contacto cercano con un individuo contagiado o potencialmente contagiado.

Pero agrega que “una mascarilla puede usarse contínuamente hasta 10 horas, pero si durante ese tiempo la persona se la retira de la cara ésta debe ser reemplazada”.

Hace unos días escribí una pequeña entrada en donde reflexionaba acerca de los problemas y carencias de la realidad educativa desde mi punto de vista, claro está.

Y curiosamente hoy lei en lalengua.info una muy razonada entrada en donde concluía con la idea de que la culpa del fracaso escolar es de los padres…

Puede pensarse que un problema tan grave exige una explicación compleja, pero yo creo que no. Hay miles de cosas que uno puede cambiar, y que están en boca de todos: que se exige muy poco a los alumnos, que no se respeta a los profesores, que es una locura obligar a los chicos a estar estudiando hasta los dieciséis años, que es una locura aún mayor que pasen de curso automáticamente, aunque suspendan todas, etc. Puedo estar de acuerdo con todos estos factores —de hecho, lo estoy—, pero creo que la verdadera explicación al problema de la educación es una y solo una.

La culpa es de los padres. Tranquilo, si eres padre, no te estoy llamando irresponsable, ni te estoy llamando nada. Los padres a veces se ven empujados a actuar como lo hacen, y analizaremos el problema más adelante. Pero la culpa es de ellos.

El texto es extenso pero vale la pena leerlo completo. Yo debo confesar que estoy plenamente de acuerdo con las ideas expuestas por Elías (disculpa el tuteo) con respecto a la labor (o falta de ella) de los padres en la formación de sus hijos.

Haciendo un paralelo, vemos a muchas personas que por ignorancia o estupidez terminan siendo padres sin desearlo, para los cuales esos hijos representan una suerte de ancla o castigo por el error cometido. Es esta clase de padres los que se desentienden de la formación de sus hijos y claro, esperan que sea la escuela (o el profesor) quien forme y dé disciplina al pequeño.

Porque, qué clase de ejemplo de disciplina puede dar un padre o madre que tuvo al hijo por error, que no aprovechó sus años en la escuela, que no tiene interés en mejorar cada día por proveer lo mejor a su familia. Es más fácil culpar al profesor o a la escuela… peor aún si esta es privada, pues consideraran como una obligación nuestra por su dinero.

No es posible que los niños de ahora no entiendan algo tan sencillo como que si no estudia, pues fracasará en su vida. Y peor aún que haya padres a los que no les importe que sus hijos piensen eso. No debería ser posible que suceda esto… pero cada vez es más común y eso no sólo es lamentable…

… es preocupante.

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