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Genial como siempre Fondevilla

Ingles, es tan fácil aprenderlo…
El mensaje enviado por mi amigo era claro y definitivo. Tenía que salir hacia Contamana sin demora, a pesar de que las investigaciones arrojaran que no habría salidas hasta el día martes; día en que mis plazos se acababan por completo. El esposo de la señora donde me hospedé los últimos días me acompaño hasta el puerto y me ayudó a cargar mi equipaje. Luego en el muelle un señor de aspecto bastante desagradable se acercó a nosotros y nos dijo que la lancha estaba de salida y que debíamos apurarnos.
Esto me sorprendió. ¿Es que acaso el joven primo de mi amigo me había mentido? ¿Cuáles podrían ser sus motivaciones para perpetrar tal acto de falsedad contra mi persona? Pronto estas dudas estarían resueltas y mi vergüenza por haberlas considerado pronto también nacería.
El barco o lancha, bajo mis entandares eso era un barco. De unos 70 metros de largo y unos 20 de alto. Un barco con todas sus letras, pero ellos le llamaban lancha grande, que se le va a hacer.

"barquito"
Entré en el segundo nivel de dicho medio de transporte y el ambiente cargado con un olor característico de sudor, poco oxígeno y comida me embargó. Era un gran salón donde decenas de hamacas demarcaban claramente las zonas de paso y las zonas personales. Bultos, maletas, bolsas, servían de pequeños muros que delimitaban los espacios, cual juego de niños quienes, en sus guerras imaginarias, establecían sus bases desde las cuales se defendían de los embates del enemigo.
Acá el enemigo era el miedo ante el robo. Y yo me uní a este miedo común. Mi acompañante y el señor de aspecto desagradable cargaban mis bultos, yo les miraba extrañado como conversaban acerca de las posibilidades de que el barco salga esta noche y del lugar más adecuado para ubicarme. Se decidió que dicho espacio mío sea el centro, el mismo centro de este salón, equidistante a todos y a la vez tan alejado de estas realidades, historias, pesares.
2 soles fue el pago por cargar mi maleta y fue la última vez que vi al señor de aspecto desagradable. Mi otro acompañante me recomendó no alejarme nunca de mis pertenencias y comprar algo para el viaje, ya que demoraría. Era lunes 6 de la tarde. Una señora me ofreció una gaseosa barata, cuyo precio estaba bastante fuera de lo que esperaba. Mientras compraba dicha bebida otro colocaba un taper de plástico dentro de mi bulto, me decía que era para que comiera, pues en el barco te dan comida pero no plato. 2 soles más abandonaban mis arcas y el vendedor apuraba en decirme que los cubiertos costaban un sol más. “Tengo los míos gracias”.
Y ahí parado en medio de todos me sentí perdido, una vez más.
“Una hamaca… mire que el viaje es largo” no, gracias, fue mi respuesta. “no va a estar parado todo el viaje… tiene que tener donde descansar, además que todos vendrán con su hamaca y no se va a quedar ahí parado hasta que salga la lancha, mire que fácil sale mañana” Dicha afirmación llena de lógica y pesimismo me venció. Era necesaria esta compra. Y luego de regatear me abandonaron 10 soles más, por la más baratita “¡y le voy a dar la cuerda gratis!” agradecí y por primera vez en mi vida dormiría en una hamaca.

Y pasó la noche y el barco no salió. Muchas de las personas dejaron sus hamacas puestas y se fueron a descansar a sus casas. Cuánto deseé poder hacer lo mismo, pero mi destino estaba atado a mi hamaca tejida, mi linda red azul y amarilla que delimitaba mi territorio. Recomendación, nunca duerman en una hamaca de red con un short con botones, pues que los traviesos suelen enredarse amplificando las incomodidades. Dejándote literalmente atado a la hamaca. Horrible.
Llegó la mañana y también llegó el momento de darle uso al taper que compré la tarde anterior. Llamaban para recibir el desayuno, créanme que lo pensé y repensé. Miré a las personas que ya habían recogido sus alimentos y mis dudas crecían como la espuma.
El desayuno consistía en un poco de avena sancochada quien sabe cómo y 3 roscas duras. Pensé en saltar esta comida, pero ya me había saltado la cena y mi estomago no se dejaba engañar con la gaseosa. Este fue mi primer contacto directo con lo que sería mis nuevas costumbres alimenticias. Aún en Pucallpa, en la casa donde estuve, tenían modos muy limeños de comer, pero de ahora en adelante ya no sería así. Es momento de comer lo que hay y como esté. No es resignación, ni una queja solapada… es la realidad.
Atrás quedó Lima, atrás queda ahora Pucallpa. Estamos en un barco, camino a Contamana, tengo hambre y comeré. Abro mi taper blanco con tapa verde, lo enjuago en lo que parece agua. Es lo que sale del grifo que hay en el barco. Lo seco bien con una toalla de mano y a hacer fila. Recibo una buena porción de avena y mis 4 roscas. Caminé dificultosamente entre el gentío y las hamacas que parecían tejidas entre ellas. Una rosca cayó. Un joven me miró, parecía tener cara de “Ey por qué no la recoges” Seguí de frente. Llegue a mi espacio, mi pequeño reducto entre mis dos maletas y debajo de mi hamaca. Mire mi avena, las roscas lastimaron mi paladar… y desayuné.
Las horas pasaron y las promesas de partir se repetían. “a las once” “a las doce” “ a las dos de la tarde en punto sale” y así.
Si hasta la noche anterior las decenas de hamacas colgantes me parecieron bastantes y el lugar pequeño para tal cantidad de gente con sus niños, bebes y bultos, pues es que soy un estúpido. En el transcurso del día aprendí lo que significa “lleno”. Las hamacas se multiplicaban cada hora. Las personas entraban y entraban y llegué a sospechar (en mi inocencia ignorante) que había algún tipo de escalera al fondo para otro nivel ya sea arriba o abajo. Nada, no escaleras, no pasajes secretos, no habitaciones ocultas entre las paredes de metal. Nada. Las personas entraban y se acomodaban en ese mismo espacio y mi parcela débilmente franqueada por dos maletas y mi hamaca amarilla y azul e verían vencidas por este tsunami de gente.

Eran casi las 7 de la noche del día martes y el ambiente era increíble, cientos de personas buscaban el mejor espacio para colocar sus hamacas y sus pertenencias. No fueron pocas las veces que propusieron el colgar una hamaca sobre la mía considerando que la había colocado bastante baja para poder dormir con los brazos sobre mis maletas. No te pases, fue la respuesta común que brinde ante sus miradas sugerentes a compartir el mismo espacio aéreo.
Llegó las 9 de la noche, luego de un par de salidas de “prueba” que emocionaron hasta al más acostumbrado, y el barco zarpó, y me sentí mejor. Mi espacio, que la noche anterior era 3 veces más amplio, lo compartía curiosamente con personas que iban a Contamana. ¡Menuda suerte la mía! Si la noche anterior el pensamiento que me embargaba sería el cómo saber si ya estaba cerca o no a mi destino, pues la mañana me traería no sólo una, sino 3 posibilidades. Un chico de unos 20 años que la noche anterior se fue a descansar a su casa y me dejó a mi cuidado su hamaca, una señora con dos niñas de 9 y 1 año, y una pareja de unos 25 años con su bebe de 6 meses. La chica era realmente hermosa, sentí una fuerte envidia al ver que tal mujer estaba ligada sentimentalmente a este otro chico, que sin ofender, pero parecía un pokemon.
Superada mi envidia inicial, comencé a conversar un poco con mis vecinos y así ganarme un poco de tranquilidad al momento que la naturaleza me obligue a abandonar mis pertenencias. Todo transcurrió con tranquilidad, a pesar de que el miedo ante el fantasma del hurto estuvo rondando nuestras horas de sueño.
La noche me trajo una hermosa vista del río Ucayali. Con una luna enorme que se reflejaba coqueta en las aguas oscuras del río. Una tormenta a lo lejos dejaba ver el poder del cielo con sus truenos y rayos. Pensé en cómo será una tormenta en vivo y en directo. Ahí debajo de ella misma, y mis deseos serían escuchados… pero después.
Lamento que estas bellas imágenes no estén capturadas pero es que estaba lloviendo y temía que una gota caprichosa arruinara mi camarilla. Sorry.
Durante todo el tiempo me preguntaba en qué momento cobrarían los pasajes, ya que durante las 26 horas que estuve esperando la salida nadie se acercó ni a preguntar a donde iba. Consulté con la señora madre de las dos niñas revoltosas que siempre jugaban bajo mi hamaca, “cobran en la madrugada…cuando ya todos estén acomodados” me pareció difícil de creer, molestar a los pasajeros en medio de la noche para ir cobrando uno por uno ¡encendiendo para ello las luces! Me parecía realmente demasiado surrealista, pero la realidad supera largamente a la ficción, y a eso de las 2 de la mañana encendiendo uno a uno los fluorescentes a medida que avanzaban una pareja iba apuntando los nombres, dni, y lugar a donde se dirigía cada uno de los pasajeros, para que inmediatamente después el monto de dinero respectivo sea solicitado y cerrada la transacción con un recibo.
30 soles más que sin pena ni gloria dejaban mis ya desbotonados bolsillos. Desbotonados porque entre tanto subida y bajada de la hamaca se habían saltado de sus lugares. Uno lo tengo guardado para cuando me de ganas de coserlo… el otro, dios lo guarde en su gloria.
La mañana siguiente no desayuné, mi sobreexplotada amabilidad me trajo nuevamente frutos, y estos muy agradables. La señora madre de las dos niñas inquietas me invitaba con una enorme sonrisa un poco de comida que ella misma había preparado bajo mi hamaca (ella había puesto un colchón delgadito que servía de zona de juegos de la nena más pequeña y cama para la señora). Un rico atún de lata con limón y algo de arroz sancochado, como postre un paquete de galleta soda. Muchas gracias señora, me salvó de la avena desconocida.
Eran las 10 de la mañana del día miércoles y Contamana aparecía a la vista. Un muelle marcaba el fin de mis horas en las aguas del río Ucayali y el fin también de mi hamaca como silla, cama, sofá y mesa. En esas casi 40 horas a bordo del barco me leí todos los libros que llevaba en mi maleta de mano. Ya mis ojos estaban cuadrados de tanto leer, aún así me agrado la estancia en el barco. Fue un momento intenso, de convivencia forzada pero amigable. Un momento para sentir, a través de los ojos de esas personas, cientos de historias de vida. De esperanzas y sueños.
Hasta acá la parte romántica de la historia en el barco, ahora la pasión, no me refiero a algún tipo de aventura sexual, nada de eso, sino la pasión que sufrí al tener que, sin ayuda de ningún tipo, hacerme de mis maletas desde ese segundo nivel hasta el extremo del barco donde por un tablón se comunicaba con el muelle.
Siempre he pensado que quien viaja debe ser capaz de poder cargar sus maletas sin ayuda. Es como una regla. Una necesidad imperiosa al embarcarte en tales aventuras el ser capaz de mover tus pertenencias sin intervención externa. Esto asegurará que en caso de emergencia nada valioso deba ser olvidado por la imposibilidad de movilizarlo.
Ese día aprendí lo que mis pensamientos pesan. Mis maletas cual anclas del pasado se matrimoniaban con la gravedad para juntas succionar toda la poca fuerza que mis delgados brazos poseen.
Las personas me veían pasar sudando y con los labios apretados, pidiendo permiso al pasar con suspiros más que palabras, pero lo logré. Despacio y con muchas pausas para recobrar el aliento que no tenía. Poco a poco, una maleta primero, luego la segunda. Con la mochila presionando mi espalda y con la preocupación de un celular apagado por falta de batería.
Sin aliento, sudado, y con 40 horas de viaje sin tomar un baño… era un asco. Simple y sencillamente, un asco. Llegué a Contamana, por suerte en un puesto de seguridad me dejaron enchufar el cargador de mi celular y con eso conseguir comunicación con mi amigo para informarle de mi llegada sano y salvo, obviamente omití los detalles vergonzosos de mi arrastre y de las horas sin agua y jabón.
Me dijo que esperara que ya llegaba Eduardo Criollo a recogerme. Pues a esperar, pensé yo. En la zona de espera habían unas bancas y un televisor en el cual pasaban una película de Elvis Presley. Nunca antes había visto una cinta del rey, y creo que apenas pueda lo haré, pues que me ha gustado. ¡La película, eh!
Pasó poco más de una hora desde mi llegada a Contamana y yo estaba enganchadisimo con la película, cuando en mis habituales giros de cabeza mis ojos se encuentran con unos pequeños ojos marrones oscuros, una persona pequeña, de aspecto rechoncho me preguntaba: “¿tú eres el amigo de Sammy, de Lima?”
Y nuevamente un mototaxi me llevaría a mi nuevo hogar.
De este modo tan sencillo se refuta la teoría de la evolución frente a unas verdaderas leyes… al menos en ese pozo de sabiduría llamado Yahoo Respuestas, que a veces parece salido de las profundidades de un «universo paralelo» habitado por seres extraños.
visto en: Microsiervos
Religión: sin ella habría gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas. Pero para que gente buena haga el mal se necesita de la religión”.
Todos tenemos algún amigo que llega tarde a una cita y nos transporta a un estado de sufrimiento crónico cuando quedamos con él. Varios expertos aseguran que el ’síndrome del tardón’ denota fobia social, narcisismo o mala planificación.
Seguro que todos conocemos a una amigo, familiar, conocido que siempre llega tarde a los sitios. Nos hace esperar horas en un bar, estamos a punto de perder el tren o el avión por culpa de sus demoras. Vaya, que nos pone en un estado de sufrimiento crónico siempre que quedamos con él o ella.
Hay acontecimientos en los que llegar tarde está socialmente aceptado: todos hemos esperado a la novia en una boda… crea expectación: ¿Cómo irá vestida? ¿Estará nerviosa? En la presentación de una película el actor o la actriz protagonista también llega tarde para crear expectación e interés. Pero otra cosa es el amigo o familiar tardón.
Los psicólogos hemos analizado este hecho y hemos visto que muchas veces son personas que sufren de poca estructuración personal; no saben hacer frente a responsabilidades personales y de otra clase, y su baja autoestima las lleva, inconscientemente, a querer llamar la atención llegando tarde. A veces, personalidades narcisistas o histriónicas también quieren ser el centro de atención en reuniones, encuentros o salidas en grupo y, claro, llegan tarde para hacerse notar.
Sea por falta de previsión, desordenes, irresponsabilidad… calcular mal el tiempo es una falta de respeto hacia los demás, símbolo de inmadurez, narcisismo o fobia social (horror a ser el primero y no saber qué decir). Debemos ser asertivos y comunicar a estas personas: “te has pasado, procura ser puntual la próxima vez, por favor”.
Si somos los aludidos, ¿cómo podemos hacer para mejorar nuestra puntualidad?
- llevar una agenda o apuntar todo en el móvil o pda
- pensar en las razones que nos hacen llegar tarde: pereza, olvido, desorden, hacernos valer, pánico a llegar los primeros, etc.
- aplicar estrategias para llegar siempre 15 minutos antes: levantarse 30 minutos antes, colocar distintos despertadores, planificar el tiempo exactamente, etc.
- recompensarnos si somos puntuales: OK, soy un tío legal… guay, he quedado super bien… ¡Es chulo esto de llegar puntual.
Ya falta poco para que me vaya a Ucayali, y claro todas las personas con las que he conversado al respecto tienen su opinión. Bueno ya sabemos que las opiniones son como los culos, cada quien tiene el suyo (y cree que es más bonito que el del resto).
Lo curioso de todo esto es que, como imaginarán, la mayoría de comentarios iban relacionados a la “sensualidad” de las “charapas” y que hasta me envidiaban (mis amigos) de poder tener esas oportunidades…
uyy allá verás cada mujer, y todas están ahí, disponibles…
vas a conocer a las “charaputas” cuidado nomás causa…
Y cosas como esas, algunas más groseras, otras más alarmantes… pero todas con ese prejuicio. Que considero que hay que mirar con cuidado, como cualquier otro prejuicio. Que hayan mujeres más coquetas y sueltas, seguro. Que sean muy cariñosas, sociables y abiertas en su comunicación, de acuerdo. Que sean unas putas en potencia, y que sólo viven para el sexo y para levantarse al primer hombre que se les cruce, lo dudo muchisimo.
Como toda generalización cae en el error de asumir que todos somos iguales. Y claro, entre los comentarios también está el clásico…
de allá vienes casado…
Porque como dicen, las chicas se le entregan a cualquiera. ¡JA! error básico al considerar que me puedo involucrar con alguein que me considere uno más. No podría, me aburriría el saber que alguien está conmigo sólo porque soy limeño, o soy de afuera simplemente.
Pero claro, si les preguntas si creen que están discriminando… pues te dicen que no. Quién los entiende.
No existe privacidad en internet, todo se sabe y todo se ve… sobretodo si eres Google.
- Si se usa Adwords: nuestro perfil de comprador y nuestros planes de marketing
- Si se usa Adsense: con que sitios ganamos dinero (o perdemos), cómo segmentar los anuncios y cuánto pagarnos
- Si se usan las Alertas: saben qué cosas nos importan saber
- Si se usa Analytics: conocen los sitios que monitoreamos, sus variaciones y sus tendendencias
- Si se usa Blogger: saben sobre lo que escribimos, cada palabra, cada frase, cada enlace … TODO
- Si se usa Calendar: saben a dónde fuimos o a dónde iremos, qué haremos y qué dejaremos de hacer
- Si se usa Google Directorio: saben que queremos y que compramos
- Si se usa Chrome: conocen cada sitio por el que navegamos en internet
- Si se usa Google Desktop: conocen todo lo que tenemos en nuestra computadora
- Si se usa Google Docs: saben que estamos escribiendo un programa de codigo abierto que compertirá con ellos y nos ofrecerán U$S30 por él ya que también saben que en nuestra cuenta de banco estamos sobregirados
- Si se usa Google Earth: saben dónde nos gustaría estar o si pensamos lanzar misiles
- Si se usa FeedBurner: saben todo sobre nuestros sitios y nuestros lectores
- Si se usa Google Finanzas: conocen nuestro patrimonio y lo que haremos con él
- Si se usa Gmail: saben todo, simplemente todo … sí … eso también
- Si se usan los Grupos de Google: saben de nuestros miedos, nuestras penas y si creemos en platos voladores
- Si se usa la búsqueda de imágenes: saben de nuestra debilidad por Britney Spears, el chocolate amargo y eso no es nada, saben todo eso que ya se imaginan
- Si se usa la búsqueda local: saben donde estamos y pueden seguirnos
- Si se usa Google Maps: saben donde deberíamos estar
- Si se usa Google Reader: conocen nuestros intereses
- Si se usa el buscador (cualquiera de ellos): conocen todas y cada una de las búsquedas que hemos realizado
- Si se usa Google Talk: saben quienes son nuestros amigos y qué decimos a sus espaldas
- Si se usa Google Toolbar: conocen todos los sitios que visitamos
- Si se usa Google Translate: saben que no sabemos inglés ni alemán ni chino
- Si se usa Google Video o YouTube: saben los géneros que nos gustan, incluyendo esos que no nos atrevemos a mostrar a nadie.
Copiado son temor de… aca.
1.- Si está haciendo una foto carnet, resígnese
Ni se gaste, nadie puede salir bello y radiante en la fotografía de su documento de identidad. Es parte de los requisitos del carnet de conducir; una fotografía que pueda ser objeto de burlas de cualquier amigo/a que la vea. Es por ello que no le permiten llevar su propia fotografía y la sacan a las 7:30 de la mañana cuando usted está ojeroso/a, despeinado/a y con cara de trasero.
Haga su mejor esfuerzo por sonreír y que sea lo que Dios quiera.
2.- Si es una foto de magno evento en la vida, evite el uso de “cuernitos”
Cuando se saque una foto bailando el vals con su prima durante su boda y el fotógrafo le grite “Acá”, evite su acto reflejo de hacer cuernitos; cuando le entreguen el diploma de su doctorado, de manos del honoris causa más renombrado no le decore la calva con los cuernitos; cuando sea padrino/madrina de bautizo del primogénito de un/a amigo/a evite hacerle los cuernitos al bebé… y si no los hizo, y en la foto lo mismo salen, búsquele rápidamente el triple 6 en su pequeñita y sonrosada cabecita, antes que lo destripe mientras usted y toda su familia duermen.
3.- Si está en una foto con su pareja sonría
Aún si a usted no le gusta sacarse fotografías; aunque usted sea menos fotogénico que un grano recién explotado, intente con todas sus fuerzas aparecer en las fotografías con su pareja con una sonrisa en los labios.
Aclaración: Poner cara de reprimir una flatulencia no es sonreír, como tampoco es sonreír imitar un póster de político en campaña.
4.- Poner “cara de sexy” no es equivalente a una foto sexy
Hacer truchita, poner cara de beso, poner cara de fácil, ni levantar una ceja transforman automáticamente una foto de miércoles más en la próxima portada de Cosmopolitan, Maxim, Para Tí, ni en póster de gomería.
5.- Si alguien está sacando una foto a su paso, no se cruce
Ningún desconocido quiere revisar sus fotografías del viaje a la Piaza Spagna con usted y su hocico metidos en el cuadro; y mucho menos mirando a cámara con cara de “Uy, no me dí cuenta”. Esté atento al mundo que lo rodea, y respete las fotografías ajenas. Como dice la Biblia: “No te cruces en las fotos ajenas si no quieres que se te crucen a tí”.
6.- Tenga cuidado con las payasadas que hace
Recuerde que las fotografías se llaman instantáneas porque capturan un momento, pero si usted está haciendo una imitación de Gollum y todos ríen, su pose de Jamiroquai con exceso de Red Bull es lo que quedará inmortalizado. Si es conciente de ello y quiere correr el riesgo: adelante.
7.- Evite las fotografías en estados bochornosos
Por muy galán que se sienta, si tiene seis ferneces encima o cinco tequilas, es poco probable que lo que usted piensa que es un gesto seductor sea algo más atractivo que una cara de boxeador malherido en round 9.
Ya lo sabe, si bebe no maneje, ni se saque fotos.




