Hoy regreso al muro donde araño recuerdos y sonrisas.

No sé qué pensar, no hay respuesta que la razón entregue sin mediar cuestionamiento. Mis pasos suenan en la noche y revelan mis intenciones más oscuras, mi cuerpo humano y mi cara con los dientes amarillos.

Me siento y pienso, pero mis uñas crecen y la canción se acaba. Los puentes se enmohecen y los juegos son para los niños que ya van a trabajar. El dinero llama a la puerta y le digo que en este hogar somos católicos.

Todo es como todo debería ser.

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