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Debo confesar que cuando llegué me sentía solo. No sólo la obvia sensación de alguien que está en un lugar desconocido sino el hecho de que me encontraba por primera vez alejado de todo lo que conocía y de todas las personas que quería. El viaje en bus había acabado y de golpe llegó a mi la realidad. Estaba en Pucallpa a 800 km. de Lima. Sé que sonará tonto, o ingenuo el pensar que antes de este momento no hubiera sido consciente de este hecho, pero es que soy un tonto ingenuo, que le puedo hacer.

 

Esperé por algunos minutos que la prima de mi amigo me recogiera del terminal, habían muchos mototaxistas que trataban de cargar mis maletas en sus vehículos para así ganar una “carrera”. Yo firme me mantuve en mi lugar y afirmación: “Estoy esperando a alguien, no, gracias”. Ya cuando sólo quedaba un solo señor a mi lado insistiendo en que el podía llevarme a donde quisiera, que sólo debía indicarle el lugar o el nombre de la persona y él “amablemente” me llevaría. Dudé. “Hola, ¿tú eres el amigo de Sammy?”. Mi salvación. Mi cuidadora había llegado y con ella el fin a mis tribulaciones.

 

Nos fuimos a su casa en el mototaxi del señor que pacientemente esperó junto a mí en el terminal y regateando el precio por la carrera convinieron que 3 soles era un precio justo. Lo cual me hice creer que la casa de dicha muchacha estaría relativamente cerca. Nuevamente el error de medir las cosas con el canon limeño me jugó una mala pasada. No sólo el tiempo es diferente, sino también el espacio, pues el transporte de nosotros dos con mi bulto a través de la ciudad por mas de 15 minutos por el módico precio de 3 soles en Lima sería algo no sólo impensable, sino ridículo y digno de la más respetable mandada a que te lleve tu abuela.

 

Los días en Pucallpa transcurrieron tranquilos, realmente la ciudad no es tan grande como podría pensar… en comparación será del tamaño de un distrito mediano de Lima. La familia con la cual pasé esos días son realmente amables y con el hijo menor pude conocer gran parte de la ciudad un día en que salimos a pasear en su moto. Lamentablemente no pude tomar muchas fotos porque como es febrero están con esto de los carnavales y los baldazos de agua vuelan sin temor. Mi cámara no podía correr esos riesgos.

 

quiere salir!!!

quiere salir!!!

 

la casheee

la casheee

Pucallpa es una Lima pequeña. Y creo que el proceso de modernización de una ciudad pasa equivocadamente por el modelo Lima. Pues vi como esa linda ciudad era consumida por bares, fábricas, comercios y ambulantes; todos centrados en un pequeño foco en la ciudad. Y esto trae a la delincuencia. Y ya las calles no son seguras, las casas comienzan a fortificarse y las personas a temer.

 

Las recomendaciones que recibí ahí en esa ciudad fueron las mismas que podría recibir al querer pasear por Lima: “Cuidado con salir de noche”, “no tomes motocarros de noche y con cosas que puedan llamar la atención”.  Me dio pena, mucha pena como el desarrollo económico de un pueblo pueda avanzar ignorando las heridas que ara en las tierras donde germina.

 

Soy una persona muy amable cuando quiero, y este viaje me ha permitido explorar los limites mismos de dicha cualidad. Los frutos de dicha exploración fueron explosivos e inmediatos. La señora, tía de mi amigo, me comentaba que Contamana no era un lugar adecuado para alguien como yo, que debería quedarme en Pucallpa y buscar trabajo ahí. Que es una ciudad desarrollada y que podía incluso quedarme ahí con ellos, que los cuartos que tenía no los había alquilado por no contar con la confianza suficiente para ceder un espacio en su hogar a un desconocido. Esta declaración me hizo sentir muy bien. Fue un momento muy agradable y lo agradecí enormemente. Me sentía cómodo y además había la posibilidad de conseguir trabajo en una ONG local por una amiga la cual me prometió llamar para concretar.

 

Nunca me devolvió la llamada.

 

Nuevamente este camino de vida me ofrecía un lugar cómodo y seguro donde estar, con amplias posibilidades de conseguir trabajo y de hacer una vida ahí. Y es que estas pausas seductoras no descansan. Se abalanzan sobre tu espíritu como un ancla se aferra al lecho marino. Y dudé.

 

Un mensaje de texto enviado por mi madre, ante la notificación de esta nueva posibilidad, me despertó de mi letargo: “Que bien hijo, pero tu objetivo es el colegio”.

 

Tan claro como directo. Mi objetivo de toda esta travesía era conseguir experiencia en el ámbito educativo, de ofrecerme a mi mismo la posibilidad de enseñar en un espacio escolar. Y mi amigo desde Lima me apuraba: “sal ahora que sino se pierde todo” Y en menos de 30 minutos ya estaba camino a la lancha que me alejaría de Pucallpa y me entregaría cual hijo prodigo a esta nueva casa… Contamana.

 

Es que cuando deseas algo desde el corazón, así no seas consciente de este deseo… todo el universo conspira para concederlo.

 

Mi visita a Pucallpa me agradó, pero creo que dicha sensación está ligada a las similitudes que esta ciudad guarda con Lima. Mi lejana Lima, Lima limón…

Haciendo una pausa en mis relatos contamaninos, quiero contarles un curioso sueño que tuve hace unas noches. Me pareció interesante por el hecho de que me mostraba imágenes y situaciones del futuro. Cada 10 años hasta 40 años en el futuro.

 

Y fue una experiencia aterradora.

 

Empezó conmigo sentado, comiendo algo en mi casa…  cuando digo mi casa me refiero a un hogar propio, aún esto es una visión a futuro, pero un futuro por concretarse pronto. Bueno, estaba yo alegremente comiendo algo como siempre… y de repente me quedo paralizado y cual si fuera las escenas de una película, una serie de eventos transcurren frente a mis ojos.

 

Eran 10 años en el futuro de esa visión inicial. Estaba yo caminando de la mano con la que seguro era mi esposa, una mujer de cabello negro largo y frondoso, de risa sonora y melódica. Juntos conversábamos acerca de nuestra relación. Mientras andábamos se veían en las paredes de las calles una propaganda sobre un grupo político nuevo, joven… que propugnaba igualdad para todos y trabajo. “¡Bah! Más de lo mismo” comentamos.

 

Nuestro amor era inmenso, lo sentía en mi pecho, lo leía en nuestras miradas. Tal si fuera una película romántica, los dos nos besamos en un atardecer en medio de una ciudad, en nuestro edén de concreto.

 

Terminó así esta visión y mi corazón saltaba de alegría. Nuevamente había soñado con ella… con la misma mujer que desde niño me ha acompañado en mis visiones. Y estaba contento, mas mi alegría no habría de durar mucho… mientras pensaba estas cosas una segunda visión arremetía furiosa en las niñas de mis ojos.

 

Estaba 10 años después de la visión anterior… 20 años adelante en mi futuro. Yo un hombre maduro y triste. Estaba triste y solo. No estabas tú.

 

Mi desconcierto era inconmensurable ¿dónde se encontraba la mujer de mi vida? ¿dónde se hallaba perdida mi sonrisa?

 

Te vi… estabas feliz, tan alegre como te vi conmigo, pero no era yo quien estaba a tu lado. Estabas contenta, pero yo no estaba en la pintura. Estabas feliz y yo no. Y no sabía el porqué.

 

Me acerqué casi corriendo a donde estaban y sin aliento toqué tu hombro. Tu rostro bello y lleno de alegría se enturbiaba y ensombrecía a la medida que tus ojos recorrían mi cuerpo. Me sentí desnudo y avergonzado, y no sabía el porqué.

 

Te negaste a hablarme, pediste que no te molestará más y que ya me alejara de tu vida por completo. Estaba desconcertado. Tu pareja… un hombre amable, te dijo algo al oído y tomándome del hombro me llevó a caminar.

 

Estaba perdido y sus palabras parecían no tener sentido, me decía que no dependía de él la situación. Que era algo que yo debía saber y resolver. Que no forzara las cosas y que me dedicara a otras cosas. Que formara parte del movimiento político que iba a cambiar las cosas (aquel partido de las promesas repetidas, había ido cobrando fuerzas y adeptos y se había convertido en un poderoso rival, seguía luchando por los mismos ideales y tenía una gran aceptación en el pueblo).

 

Yo sólo atiné a decirle que me deje solo, que no requería sus consejos piadosos y que no se preocuparan que no me iba a dedicar a emborracharme ni nada de eso. Que había salido una nueva bebida, un jugo dulce el cual me gustaba mucho y que sólo bebería eso.

 

Él me recomendó no hacerlo. Preferí ignorarlo y en una esquina lo despedí. Estaba solo, confuso, sin posibilidad de odiar ni a esta otra persona que tenía mi lugar al lado de la mujer que seguía amando con todo el corazón, y seguía sin saber el porqué.

 

De regreso a mi mesa, que rápido puede el corazón dejar de latir con alegría para que cada nueva pulsación se convierta en un tañido doloroso. Cada latido un martilleo metálico y frío que anunciaba el siguiente instante de vida en soledad.

 

Me preguntaba porqué las cosas habían cambiado tanto. Qué pude ser capaz de hacer para que ella dejara de quererme. Mi cabeza estaba llena de interrogantes, de dudas, de ansiedades insaciables. No sabía qué pensar ni qué hacer, mas otra visión más me evitaría pensar en ello.

 

10 años adelante… 30 años en el futuro. Una guerra civil tenía a la ciudad aterrorizada, el otrora partido juvenil, impetuoso y de ideales utópicos vio el favor del pueblo y llegó al poder. Desde ahí todos esperaban los grandes cambios que harían la vida de todos mucho mejor, pero la realidad sería otra.

 

Como la historia nos ha demostrado, cuando una facción reaccionaria llega al poder gracias a las disconformidades e iniquidades sociales, cuando su poder se alimenta del odio al otro y la discriminación bajo el lema de la lucha del pobre. Cuando el desposeído se haya todopoderoso, se corrompe, y desea mantener ese poder bajo la falacia del derecho social. Y responderá violentamente para defender este derecho a mantener su poder. Esta violencia será ciega y cruenta, incluso contra los mismos que clama proteger.

 

Esto le pasó a este pequeño partido de jóvenes luchadores, ahora aterrorizaban al pueblo cazando a sus detractores, fueran quienes fueran. El pueblo y sus líderes reaccionaron y la guerra era inevitable.

 

Bajo este escenario mi nueva visión me abandonaba, me hallaba corriendo gritando tu nombre. Te gritaba que te apures que no queda mucho tiempo. Tu venías con lágrimas en los ojos y una niña de unos 6 años en los brazos.

 

Tenía que gritarte pues las explosiones y gritos eran ensordecedores. Subiste al vehículo que traje para ustedes, una de esas combis Volswagen muy setenteras de color vino, subiste me miraste y tus tiernos ojos llenos de lágrimas me daban las gracias por regresar por ti. Te dije que siempre estaría contigo. Te ordené que subieras y cerré la puerta tras de ti. Leí en tus ojos lo terrible, él ya no estaba más. Él había muerto. Cerré la puerta y el carro se fue. Por alguna razón me quedé. No sé porqué, sólo me quedé.

 

De regreso en esa mesa que ya no parecía la misma del inicio, sino una más sucia, fría y lejana. Estaba con el aliento contenido y los pensamientos extrangulándose unos a otros.

 

En ese mismo instante y sin tiempo para  articular pensamiento alguno, el final de mi travesía temporal haría su aparición.

 

Era un viejo, de apariencia mucho mayor de los años que mis documentos alegaban. Estaba caminando en las calles con la mirada perdida, casi sin ver lo que me rodeaba. Sólo un pensamiento me guiaba, el deseo de encontrarte nuevamente y poder comprender la razón de mi destino.

 

Era viejo y estaba enfermo, el jugo dulce con el que durante años traté de edulcorar mis noches, con el que tontamente endulzaba mi lengua, mas agrio llegaba a mis entrañas, ese mismo jugo me había producido terribles males, el mayor de ellos. Irónicamente, una impotencia terrible. Una incapacidad total de sentir placer por cualquier cosa y, con ello que mi cuerpo se olvidase ya de cómo reaccionar ante las cosas que llenan de gozo al espíritu.

 

Sólo seguía buscándote. Sólo deseaba volverte a ver.

 

Esta imagen terrible me arrancó de los brazos de morfeo, agitado y algo sudado me desperté y mis pensamientos estaban a 10 000 kms de distancia. Sólo una pregunta rondaba mi mente, ¿cuál fue el móvil para tal cambio?

 

Cogí un lapicero y unas hojas de papel y apunté todo lo que había soñado, este era un sueño que no quería que los rayos del sol de la mañana borraran. Me volvi a dormir con un único y atornillado pensamiento. ¿por qué?

 

Mis sueños son curiosos y si los pienso con suficiente deseo hasta pueden responderme. En este caso me brindó una posdata, un pequeño trailer que trataba, sin éxito, de calmar mis ansiedades.

 

Estaba en medio de un campo, llegas tú y pides que prepare una cena para cuatro que alguien vendrá. Preparo todo mientras tu tomas un baño. Comienzo a hacer ejercicios, planchas, mientras desde la ducha me comentas que viste en algún lado la historia de un par de actores famosos, que la mujer había convencido a su pareja para hacerse bomberos.

 

Te respondo que no es nuestro caso, pues fui yo quien te motivó a ser bombero.

 

Un descubrimiento, soy un bombero.

 

Espero que respondas a mi comentario, silencio, nada.

 

Una amiga de estudios hace aparición y comenta que te demoras mucho en el baño, y que los sonidos que salen de ahí le parecen extraños. Me dice, leyéndolo de mi frente, que quizás esta ahí con el otro.

 

La idea de ir, entrar violentamente e increparte por la infidelidad se hace fuerte en mi pecho, mas mi cabeza piensa si no es esta la acción que motiva tu huida de mi. Mi desconfianza.

 

Me quedo inmóvil, mi amiga va a ver…  regresa y me dice que no hay nadie. Que no me preocupe.

 

Tu apareces, nos sentamos los tres a la mesa, un silencio incómodo se apodera del espacio, y con un poco de humor pregunto quién es el cuarto desconocido que se está tardando. Mi amiga también pregunta por aquella persona. Y es aquí cuando todo pierde sentido.

 

Te enfureces más allá de lo humanamente posible, te levantas y me dices que no soportas todo esto, dejas todo y te vas de la mesa… me dices que te irás.

 

Despierto nuevamente. Apunto todo. Trato de dormir. Murmuro. No te vayas por favor, no te vayas.

Un detalle que alimenta mi imaginación en mis viajes interdistritales en Lima es una curiosa constante. Cuando voy en un asiento doble es muy común que este se mantenga libre hasta el último. No sé si irradiaré una estela repelente que hace más atractivos las otras ubicaciones. O por el contrario mi corpulenta figura construye una ilusión óptica que engaña las retinas de los otros viajantes y pasan de largo al pensar que dicho asiento carece de disponibilidad.


Sea cual sea el motivo, yo nunca renegaba de la soledad que las personas me brindaban. Mas pensé en lo difícil que será, en este viaje en bus por casi 24 horas, el compartir asientos con un extraño. Ya me imaginaba la clase de conversaciones que mantendría, los ruidos que haría al dormir, incluso, si se tratase de una bella señorita, albergaba la esperanza de un idilio corto que acortara las horas de viaje. Todas esta clase de cosas y más pululaban en mi mente, pero no fue así.


Cuando compré mi boleto me ofrecieron muchas opciones, yo escogí el número 28 junto a la ventana. No muy adelante ni muy atrás. Un tanto seguro en caso de colisiones, aunque ante un desbarranco nada se podría hacer. Sí, lo sé, soy un paranoico. Mas parece que el 27 no fue un número muy atractivo para nadie. Un bus con 60 asientos, comprados unos 40, se le sumarían unos 19 en el trayecto. 59 asientos ocupados. Y el número 27 sería el afortunado, o no, que se mantendría libre durante gran parte del trayecto.


Esto fue favorable pues me permitió tener más comodidad para manejar mi equipaje de mano y usar el espacio extra para usarlo como cama. Aunque se extrañaba el poder conversar con alguien, este fue un precio no tan alto considerando lo valiosa que resulta la comodidad en un viaje de este calibre.


Por otro lado las cosas que vi, las ciudades, personas, animales que en el camino pude observar fueron incontables. Cada vez que veía algo me imaginaba toda una historia que explicaba el porqué es que esa persona o casa se encontraba ahí en ese momento en particular.

Ríos y quebradas
Ríos y quebradas
valles y más valles
valles y más valles
Zona urbana
Zona urbana
Camino hacia lo desconocido
Camino hacia lo desconocido


cruzando el rìo
cruzando el rìo
La fuerza de las aguas..
La fuerza de las aguas..

Decir que fue un viaje descansado sería mentir, todo el tiempo la paranoia me desvelaba, la posibilidad latente de algún pasajero delincuente que en su mira me tiene me acuchillaba. Sentía las miradas de hombres sencillos como observaciones clínicas que en mi desconcierto desvelaban mis posesiones más preciadas. Huelga decir que infundados mis miedos estuvieron, no sé si mi corpulencia generó la habitual ilusión que mantuvo a raya a los malhechores.

El camino fue largo, muy largo, más largo aún cuando le sumamos mis ansias por llegar a tiempo, ¡ja! Que iluso el pensar en el tiempo, que fuera de Lima transcurre en ritmo diferente, más lento, más calmo. Y claro que no llegué a tiempo, era tarde y la prima de mi amigo me decía que mejor fuéramos a descansar a casa de su familia porque ya no habría lanchas. Y así lo hice. Y llegué a Pucallpa, entero y con maletas que pesaban más que yo.

No es sorpresa el imaginar que mi madre y hermana querían estar conmigo en el momento del abordaje en el bus. Pero la noche en cuestión fue una para recordar. Desde las galletas de agua que mi madre amorosamente me recomendó para “matar” el hambre durante el viaje, la riquisima ensalada de la pollería en frente al terminal, el auto de Jesús súper antirobo con las puertas que se abren cada una a su manera, hasta el momento en que las manos agitadas en el aire expresaban con la fuerza del amor un deseo contenido.

Pero no me fui. El bus se estacionó frente al terminal a hacer no sé qué, y ahí me quedé. Mi madre se sonrío y mi hermana puso sus manos en las caderas haciendo ver su sorpresa e impaciencia. “pues hombre vete ya, ya hicimos el drama… no lo hagas más larga”. Y el bus volvió a encender motores, pero la luz del semáforo obligaba a esperar un poco más. Y nuevamente las manos al viento, y el deseo expresado en miradas y no me fui. El bus volvió a detenerse y el chofer bajó. Ahora quién se reía era Jesús, mi mamá aún tenía las manos en el cielo y yo la miré y la extrañe mucho.

Luego de unos 20 minutos de esperas y despedidas, partimos y sus sonrisas en la noche de Lima quedaron grabadas en mí. Eran cerca a las 9 de la noche del día viernes 06 de febrero del 2009. La noche en que Lima desapareció de mi vista, en que su cielo gris devorador de estrellas, su aire húmedo y lleno de deseos de superación; en que sus peligros y pirañas quedó atrás. Lima mi querida ciudad, atrás quedan tus paredes llenas de pintadas de grupos de niñatos que creen ser malos, atrás los afiches de candidatos cuyas promesas se descascaran casi al unisono con la impresión. Atrás, muy atrás tus calles llenas de gente sin rostro, sin identidad que se pierden en tus entrañas. De edificios colosales que indiferentes se muestran al de a pie. Atrás Lima, muy atrás… y aún así te extraño.

Hace ya dos años que un amigo me hablo de Contamana y en realidad en ese momento no pensé mucho en el asunto, confieso que me pareció una idea loca. Estaba tan bien en Lima, tenía trabajo, una familia que me cuidaba, todas las comodidades que un joven de mi edad pudiera desear, mis amigos y amigas con los cuales salía a divertirme o tomar unos tragos en la siempre activa ciudad capital.

 

Estaba feliz, y eso es lo que siempre deseé. Ser feliz a pesar de todo y a pesar de mi mismo.

 

Pero al mismo tiempo una apatía me consumía. Una sensación de aburrimiento generalizado que a pesar de todas las marquesinas fulgurantes de mi entorno no conseguía quitarme de encima. Y comencé a pensar en mi felicidad.

 

Según mi entender una persona feliz lo es porque: o no tiene problemas, o porque a pesar de que tiene múltiples dificultades sabe resolverlas y ver a través de las mismas la magnificencia de la vida. Siempre me consideré un miembro de este último grupo. Había conseguido muchas cosas gracias a mi esfuerzo y dedicación, sin desdeñar el capital soporte que mi familia, adorada y amada comunidad, siempre supo ofrecer. Y me hallaba a mi mismo en una envidiable posición.

 

Un profesional de la educación con amplia experiencia en trabajo comunitario y conocimientos sobre la sexualidad adolescente juvenil. Trabajando en una ONG de reconocimiento mundial como World Vision, en la cual, gracias a mi trabajo me pedían que me quedase ofreciéndome muchas opciones de trabajo nada despreciables.

 

Y me preocupaba una desazón en mi. No estoy feliz, me siento abatido, aburrido. Y veo mi situación con claridad. Soy un ave, un águila encerrada en una jaula de oro. Con todo lo que puede desear pero sin capacidad de volar libre, con alimento pero sin la pasión por la caza.

 

Y es que cuando estás en el camino de la vida esta te ofrece momentos de descanso. Pausas. Puntos suspensivos desde donde puedas respirar y ver con agradecimiento lo obtenido. Estas pausas son agradables lapsos de sosiego y seguridad, pero son peligrosas. Peligrosas en que seducen al sueño, invitan cual canto de sirena a hipotecar tus ímpetus y pasiones por la bien merecida seguridad. ¿Tiene algo de malo el desear la seguridad para ti y los tuyos? Definitivamente no. ¿Es rendirse el abrazar los productos del trabajo y compartir sus frutos con tus amados y sentarte a dormir al pie del árbol de la paz? No lo es.

 

Ser agradecido con la vida y gozar con lo bien obrado es parte de este camino. Es sentirte uno con lo producido y disfrutarlos. Mas cuidado hay que tener, recordar que estos frutos sólo son agradables en el momento de la cosecha, y que la seguridad es placentera mientras no aprisione el espíritu.

 

Somos animales de costumbres, y nos cuesta cambiar. Lo acepto, yo también caí seducido por estas  artes, mas mi alma inquieta clamaba por más. Sin desdeñar, ni renegar, cual marea que parece plácida oculta dentro de sí una vorágine. Y mi torbellino se formaba en nubes calmas.

 

Llegado el momento las casualidades, que no son tales, se hicieron decisiones; y las decisiones se convirtieron en acciones.

 

Una persona que conocí hace ya dos años de una manera muy fortuita es ahora piedra angular de un cambio radical en mi pensar. Si me hubiera demorado un día o dos más en inscribirme en ese curso de inglés, o si hubieran decidido ponerme en otro grupo, o si la nueva reglamentación para educación no exigiera inglés, etc. Muchas opciones, demasiadas posibilidades, increíble es, si me pongo a pensar, en las pequeñas cosas que fueron necesarias para que este encuentro fuera posible. Y aún así, lo fue.

 

Aproveché el cierre de proyecto en World Vision para anunciar mi viaje. Lo tomaron con sorpresa y desazón. Fue una decisión difícil, muy difícil. Avise a mi familia de mi viaje y mis proyectos para este año lejos de ellos. Fue aún más difícil, pero algo maravilloso sucedió.

 

A pesar de la congoja, toda mi familia y amigos mostraron una confianza plena en mi. Me llenaron de consejos y buenos deseos. Y de una manera u otra trataron de hacerme más sencillo la despedida. Lo agradezco infinitamente. Creo que no deben existir las despedidas entre corazones que se aman, creo que sólo existen encuentros. Y dentro de poco este camino de la vida nos volverá a poner frente a frente mis bien amados.

Bueno, luego de muchos retrasos e indecisiones el viaje al oriente caliente se concretó. Fue un viaje alucinante con unos paisajes hermosos y un dolor de culo impresionante.

Esta sólo fue una pequeña entrada para hacerles saber que estoy bien y que ya pronto les daré mayores detalles.  No lo hago ahora porque: a) no tengo fotos que postear, porqué olvidé el cable de la camará; b) el teclado es una desgracia y tengo que borrar 3 de cada 4 palabras que escribo.

Saludos y ya les contaré más.

A veces pensamos en lo que haríamos el último día de nuestra vida, y nos ponemos aguerridos y decimos cosas como: “Pues saltaría de un puente, haría paracaidismo, le diría a mis seres queridos que les amo, no desperdiciaría ni un minuto y haría mil cosas…”

Pensamos en que ese “último día” es algo lejano y al fin y al cabo, imposible de predecir… por lo que lo olvidamos por completo. Pienso esto a un día de viajar a la selva y digo, ¿es este mi último día? ¿debería estar más de lo normal con mi familia? ¿aprovechar todos los instantes en decirles cuanto los amo y extrañaré?

Yo digo que NO. Y no es que no lo sienta o desee, en parte, sino porque creo que nuestra vida debe ser vivida sin presión de si es o no el último día de algo. No quiero irme abrazando más o besando más sólo porque era “el último día”. No quiero decir te amo a alguien sólo por el temor de no volver a verle. He aprendido que mis seres queridos me seguirán queriendo así este en la China, y yo les amaré de igual manera esté donde esté.

Este es mi último día en Lima, y no me apetece más despedidas, quiero estar en mi casa, frente a mi computadora como todos los días a las 18:35 horas.  Quiero irme sabiendo que mi familia vio siempre al mismo Adolfo que ama y que tengan la certeza que seguiré siendo el mismo donde la vida me lleve.

Y como le dije a una amiga, cuando llegue la cuarta cosa que buscaré será una conexión personal de Internet. Porque me gusta estar siempre en contacto con mis seres queridos, y ellos saben que siempre me podrán encontrar por este medio.

Hasta luego mi querida y poco apreciada Lima, veremos si el futuro decide volverte a ver o ya la vida tiene nuevos planes para mí.

Si apagas un frigorífico, la comida que hay dentro no «evoluciona» sino que se «echa a perder» como mandan las leyes de la Termodinámica.

De este modo tan sencillo se refuta la teoría de la evolución frente a unas verdaderas leyes… al menos en ese pozo de sabiduría llamado Yahoo Respuestas, que a veces parece salido de las profundidades de un «universo paralelo» habitado por seres extraños.

visto en: Microsiervos

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