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Yo sueño mucho, muchísimo a decir verdad. Sueño con cosas pasadas, con personas amadas y odiadas, sueño con mis sueños y mis pesadillas. Sueño que soy otro, que soy invencible.
Creo que todos hemos tenido sueños similares, sueños en que algo terrible te acecha y tus pasos son mas lentos y pesados; sueños en que ese amor del pasado regresa y te da ese beso eterno que tanto anhelas. Sueños llenos de heroísmo y poder, en donde sin dudar avanzamos por los cielos en un vuelo espectacular.
Pero anoche fue diferente.
Estabas tú. Regresaste desde lo imposible para tomar mi mano y decirme que aún desde lo inimaginable tu escencia perdura. Y estabas feliz. Sonreías aún cuando sabías de lo efímero e irreal de nuestro encuentro. Sonreías y me decías que no te jalara tanto al correr. Es que no podía controlarme estaba tan feliz, y sólo quería que los demás te viesen también.
Saltamos esas gruesas ramas del gran árbol que tantos sueños nos acompañó, y casi sin aliento, grité… grité tan fuerte como mi falta de aire me lo permitió. Grité “¡Cinthya está aquí!” y todos sonreían al verte.
Te sonrojaste, como siempre lo haces cuando te hago pasar esta clase de vergüenzas. Te sonrojaste y tu rostro se vio tan vivo que ignoré la verdad. Era sólo un sueño.
Me desperté con el recuerdo de tu aroma, de tu escencia. No existes más, pero que real fuiste para mí en mis sueños… esta vida llena de sueños que sueñan con ser realidad.
Si pudieras pedir un deseo… ¿qué pedirías?
Me matan de risa este par…
¡me meo! ¡me meo!
El chojin
1.- Si está haciendo una foto carnet, resígnese
Ni se gaste, nadie puede salir bello y radiante en la fotografía de su documento de identidad. Es parte de los requisitos del carnet de conducir; una fotografía que pueda ser objeto de burlas de cualquier amigo/a que la vea. Es por ello que no le permiten llevar su propia fotografía y la sacan a las 7:30 de la mañana cuando usted está ojeroso/a, despeinado/a y con cara de trasero.
Haga su mejor esfuerzo por sonreír y que sea lo que Dios quiera.
2.- Si es una foto de magno evento en la vida, evite el uso de “cuernitos”
Cuando se saque una foto bailando el vals con su prima durante su boda y el fotógrafo le grite “Acá”, evite su acto reflejo de hacer cuernitos; cuando le entreguen el diploma de su doctorado, de manos del honoris causa más renombrado no le decore la calva con los cuernitos; cuando sea padrino/madrina de bautizo del primogénito de un/a amigo/a evite hacerle los cuernitos al bebé… y si no los hizo, y en la foto lo mismo salen, búsquele rápidamente el triple 6 en su pequeñita y sonrosada cabecita, antes que lo destripe mientras usted y toda su familia duermen.
3.- Si está en una foto con su pareja sonría
Aún si a usted no le gusta sacarse fotografías; aunque usted sea menos fotogénico que un grano recién explotado, intente con todas sus fuerzas aparecer en las fotografías con su pareja con una sonrisa en los labios.
Aclaración: Poner cara de reprimir una flatulencia no es sonreír, como tampoco es sonreír imitar un póster de político en campaña.
4.- Poner “cara de sexy” no es equivalente a una foto sexy
Hacer truchita, poner cara de beso, poner cara de fácil, ni levantar una ceja transforman automáticamente una foto de miércoles más en la próxima portada de Cosmopolitan, Maxim, Para Tí, ni en póster de gomería.
5.- Si alguien está sacando una foto a su paso, no se cruce
Ningún desconocido quiere revisar sus fotografías del viaje a la Piaza Spagna con usted y su hocico metidos en el cuadro; y mucho menos mirando a cámara con cara de “Uy, no me dí cuenta”. Esté atento al mundo que lo rodea, y respete las fotografías ajenas. Como dice la Biblia: “No te cruces en las fotos ajenas si no quieres que se te crucen a tí”.
6.- Tenga cuidado con las payasadas que hace
Recuerde que las fotografías se llaman instantáneas porque capturan un momento, pero si usted está haciendo una imitación de Gollum y todos ríen, su pose de Jamiroquai con exceso de Red Bull es lo que quedará inmortalizado. Si es conciente de ello y quiere correr el riesgo: adelante.
7.- Evite las fotografías en estados bochornosos
Por muy galán que se sienta, si tiene seis ferneces encima o cinco tequilas, es poco probable que lo que usted piensa que es un gesto seductor sea algo más atractivo que una cara de boxeador malherido en round 9.
Ya lo sabe, si bebe no maneje, ni se saque fotos.
Hoy recordé mi nacimiento, recordé que lloré y ahora entiendo el por qué.
Cuando no existía, no sufría, no lloraba, no reía ni cantaba; no sabía lo que era el dolor ,ni el amor, simplemente no era nada, ni nadie. Ahora recuerdo que lloré porque comprendí que a partir de ahora, a partir de este momento tendría que ser algo y alguien.
Que pesado contrato existencial con un pequeño ser indefenso, firmé sin leer este pacto terrenal, sin saber que me comprometía a vivir, a sentir y a morir.
Son cláusulas inviolables que me obligan a comer y a vestirme, que me obligan a hablar y a bañarme con agua y con jabón. Recuerdo que lloré y ahora entiendo la razón, me miro en el espejo y veo a un ser que no soy yo, veo al ser que el contrato exige que sea, me pide que sea un ser humano aunque yo no lo quiera, me pide que sea amable o cruel, que ame y que odie, que viva y que al final muera… aunque yo no lo desee,.
Recuerdo el día que nací y recuerdo que lloré, y ahora entiendo por qué.
He aquí expresiones y recursos que no debemos usar cuando hablamos
sobre creacionismo, a no ser que seamos creacionistas:
1.- Hablar constantemente de Darwin para referirnos a la evolución.
Como si no hubiera llovido nada en en panorama científico desde su muerte hace siglo y cuarto. Como si la evolución se redujera a lo que se le ocurrió a este buen señor en el año de Maricastaña, cuando viajaba en un barco. Como si sus teorías permanecieran hoy en día intactas, al margen del enorme progreso de la biología.
2.- Decir “teoría de la evolución” cuando queremos decir “hecho de la evolución”. Y viceversa. Son cosas totalmente distintas: las teorías explican los hechos; los hechos no explican nada, simplemente existen.
3.- Decir “ideas” cuando nos referimos a las teorías científicas (que son mucho más que meras ideas).
4.- Decir “convicción” o “creencia” cuando nos referimos a una teoría científica. De nuevo: las teorías son mucho más que creencias. Y, por otra parte, en las teorías no se cree. Puedes trabajar científicamente con una teoría (tanto para afianzarla como para refutarla) sin que te parezca convincente.
5.- Decir “darwinismo” o “neodarwinismo” cuando nos referimos a la teoría de la evolución vigente hoy en día. Síntesis Evolutiva Moderna, o Teoría Sintética de la Evolución, es el nombre que merece la que es la base unificadora de toda la biología actual. El sufijo -ismo hace pensar en una corriente filosófica o en una postura ideológica, más que en ciencia.
6.- Decir “teoría del creacionismo”. El creacionismo no es ni tiene ninguna teoría; Es más, pretende que retrocedamos a una etapa de la historia en la que las teorías científicas no existían y los fenómenos naturales se explicaban mediante intervenciones divinas.
7.- Decir “teoría del diseño inteligente”. Véase justo aquí arriba; es lo mismo.
8.- Plantear el conflicto como “evolucionismo versus creacionismo”. Como si en lugar de tener por un lado ciencia y por otro anticiencia, tuviéramos dos movimientos ideológicos de signo opuesto.
9.- Abundar en lo anterior hablando de “evolucionistas” o incluso “darwinistas” para referirnos a los biólogos evolutivos o a cualquier otro científico que investiga profesionalmente la evolución.
10.- Mezclar evolución y abiogénesis (origen de la vida). La evolución es el cambio en los seres vivos, no la formación del primer ser vivo. La teoría evolutiva no se ocupa del origen de la vida. La abiogénesis es un problema que aún no está resuelto científicamente, pero la evolución sí lo está.
Llevo dos semanas meditando mi actuar,
tratando de conciliar mis dudas y mi pensar
mi cavilar por oscuras parajes, caminar
luchando por no soñar y descansar.
Consiente de mis de mi mundo y mis verdades
de mis pasos andados y caídas infernales
llegando a claridad, a luz, a noches sin sombra
ayuda, soporte, sanidad…
Es tarde, la mañana se fue ya. Miro mis manos y veo el tiempo transcurrido, pienso que ya nada será como antes.
Tenía 20 años y era joven, era ingenuo. Cuánto me cuesta recordar ahora ese día, sin importar que ese día todo empezó. Caminaba por la avenida Larco, era invierno y había llovido la noche anterior.
Vi el cielo, era gris y el aire frío… mi aliento cálido se podía apreciar en tal gélido exterior. Frote mis manos una contra otra en un intento instintivo de generar calor, y te ví.
Cruzabas la avenida y te dirigías al parque, tus vaqueros sueltos y tus cabellos al viento poseían una movilidad animal… era como si a tu paso lo demás adquiriera una rígida existencia, como si perdieran el interés en vivir, de latir, de respirar.
Te seguí, no tenía opción, mi cuerpo era esclavo de una fuerza inhumana, de una espectro dorado que tenía como fin último tu ser. Te dirigías al mar… yo me dirigía hacia ti.
Un vehículo se interpuso en mi camino y me detuvo por instantes que me parecieron eran eternas. Maldije al anciano conductor, lo maldije con todo el odio que podía generar, a él y a toda su prole venidera. Él no entendía que me separaba de mi dios, de mi luz. Él no entendía.
Raudo fui a recuperar los metros perdidos, se había perdido. Por todos los dioses del Olimpo ¡no estaba! en esos pequeños milenios que el anciano con su Datsun del 57 me retuvo, lo perdí. Perdí su rastro, su aroma, sus vaqueros de ritmo salvaje al viento… sus cabellos.
… esto no acabará así…


